La crisis energética en la región ha sumado un capítulo dramático con el desabastecimiento de Gas Natural Comprimido (GNC), transformando la rutina de las estaciones de servicio en un verdadero escenario de caos, demoras interminables y creciente tensión social.

En Berisso y las localidades vecinas, la drástica restricción en la venta del combustible —gatillada por los cupos ante la alta demanda invernal y la falta de previsión en infraestructura a nivel nacional— ha dejado a la gran mayoría de los surtidores fuera de juego, concentrando el desespero en los escasísimos puntos que aún permanecen operativos.

Esta situación límite ha generado filas inhumanas que llegan a superar las diez cuadras de extensión, donde choferes de taxis, remiseros y transportistas se ven obligados a pasar madrugadas enteras a la intemperie, soportando temperaturas gélidas con la única esperanza de conseguir un cupo limitado de gas que les permita salir a trabajar al día siguiente.

Las consecuencias de este estrangulamiento son devastadoras para la economía local: con jornadas que se pierden íntegramente haciendo cola en la parálisis total, el transporte de pasajeros se encuentra severamente afectado, los ingresos de los sectores más vulnerables se pulverizan y el malestar colectivo ya ha derivado en piquetes y fuertes reclamos políticos hacia un Estado nacional al que se le exige de manera urgente explicaciones claras y un plan de contingencia real.

Mientras la burocracia se dilata y las soluciones definitivas no llegan, el día a día en la región se vuelve insostenible para miles de trabajadores atrapados en una trampa de desidia y desabastecimiento.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *