La realidad en las calles de Berisso golpea con una crudeza que parece invisible detrás de los escritorios del oficialismo local. En la última sesión del Honorable Concejo Deliberante (HCD), el bloque oficialista que responde verticalmente al intendente Fabián Cagliardi decidió hacer valer su mayoría para bloquear el tratamiento y mantener «encajonado» en comisión el proyecto que pretendía declarar la Emergencia Alimentaria en el distrito.
La iniciativa, impulsada por el bloque de la UCR-AMUBE tras reiteradas reuniones con organizaciones sociales, buscaba otorgarle al Ejecutivo herramientas ágiles para reasignar partidas presupuestarias hacia la compra de alimentos. Pero para el cagliardismo, la urgencia de los vecinos puede esperar.
La decisión del oficialismo llega en el momento más crítico para la ciudad. El entramado comercial e industrial de Berisso se desangra a la vista de todos: persianas que se bajan de forma definitiva ante la estrepitosa caída de las ventas, despidos que se acumulan mes a mes y un parate económico que ha dejado a cientos de familias sin su sustento diario.
La crisis golpea de forma directa sobre la mesa de los berissenses. Los datos que emergen del territorio son alarmantes. Portales locales como Infoberisso vienen reflejando desde hace tiempo postales desgarradoras: colas interminables que se forman desde la madrugada en las delegaciones, en el Hogar Social, en la Mutual 10 de Junio o en el galpón de la calle 8, donde cientos de vecinos se agolpan buscando una bolsa de mercadería que apenas contiene unos pocos alimentos básicos para toda una familia.
Una asistencia que resulta a todas luces irrisoria e insuficiente, agravada por las denuncias sobre irregularidades de proveedores millonarios que entregan canastas vacías mientras los chicos pasan hambre.
Para empeorar el panorama, el programa provincial MESA (Módulo Extraordinario para la Seguridad Alimentaria), que servía de paliativo y complemento para la comunidad educativa, ha entrado en severas etapas de revisión y recorte de alcance. A esto se le suma la dolorosa realidad de la malnutrición infantil que reportan comedores y organizaciones barriales, donde el plato de comida diario ya no es una garantía sino una variable de ajuste.
Durante la sesión, la oposición dejó en claro que declarar la Emergencia Alimentaria —una medida que rigió de manera continua en el municipio entre 2004 y 2025— no representaba una trampa ni una carga obligatoria, sino una facultad legal para que la gestión local pudiera moverse con mayor flexibilidad ante la catástrofe social.
La concejal Antonella Villa Chiodo explicó que las organizaciones comenzaron a contarles las realidades que viven día a día, y que tomaron esa necesidad trabajando para que el Municipio declare la Emergencia Alimentaria con el fin de darle al Ejecutivo una herramienta para destinar más fondos a alimentos. Remarcó, además, que el proyecto surgió tras el desamparo en el que quedaron muchos trabajadores luego de la baja de programas como Volver al Trabajo.
Por su parte, el concejal opositor Maximiliano Fernández apuntó al corazón del relato oficial manifestando que los tiempos de los políticos no son los tiempos de las necesidades de los vecinos. Agregó que muchas veces escuchan que el Municipio tiene superávit, por lo que simplemente le estaban otorgando una herramienta para destinar recursos a alimentos y nada más.
La respuesta del cagliardismo fue el libreto previsible de la justificación macroeconómica y la transferencia de culpas. La edil oficialista Carla López Domínguez defendió la postura de congelar el proyecto argumentando que el país vive una profunda crisis social y económica y que la provincia de Buenos Aires atraviesa un ahogo financiero por parte de la Nación que impacta de lleno en el municipio, el cual hoy redobla esfuerzos para sostener la asistencia. Según su visión, el camino más responsable es seguir gestionando recursos y alternativas frente a las políticas nacionales en lugar de activar mecanismos locales de emergencia.
Con esa lógica defensiva, el oficialismo cerró filas, impuso el peso de su mayoría y mandó el expediente a dormir en la Comisión de Salud.
Mientras el intendente Fabián Cagliardi opta por no utilizar las herramientas institucionales para reforzar la asistencia directa, las familias de Berisso siguen enfrentando la realidad con comedores desbordados, comercios vacíos y changas que ya no alcanzan. En el HCD, el oficialismo demostró que prefiere cuidar las formas y el discurso político antes que dar una respuesta urgente al hambre de su propio pueblo.




