La llegada de las bajas temperaturas ha encendido las alarmas en los sectores más vulnerables de Berisso. En los barrios periféricos de la ciudad, donde la infraestructura urbana es una deuda histórica y la precariedad habitacional es la norma, las familias atraviesan una verdadera situación de emergencia humanitaria ante un frío que cala hondo y no encuentra resistencia en las viviendas.
El panorama en los asentamientos y zonas más postergadas es desolador. Las viviendas, construidas mayoritariamente con materiales precarios como madera, chapa y cartón, carecen del aislamiento térmico básico para hacer frente a las heladas. Sin servicios esenciales como la red de gas natural, calefaccionar estos hogares se vuelve una misión casi imposible o sumamente peligrosa, dependiendo de conexiones eléctricas clandestinas o del uso de braseros que ponen en riesgo la vida de sus habitantes.
La peor parte de este flagelo se la llevan los más chicos. En un contexto donde los recursos escasean, la falta de abrigo adecuado, calzado firme y frazadas para pasar las noches se convierte en una realidad cotidiana para cientos de niños berissenses. La vulnerabilidad al frío extremo se potencia de manera alarmante debido a la mala alimentación: la falta de nutrientes esenciales y una dieta basada en carbohidratos —obligada por la pérdida del poder adquisitivo— debilita el sistema inmunológico de los menores, dejándolos completamente indefensos ante las enfermedades respiratorias típicas de la época.
Las copas de leche y los comedores comunitarios de los barrios intentan redoblar esfuerzos para ofrecer un plato de comida caliente, pero la demanda desborda la asistencia disponible. Vecinos y referentes barriales coinciden en que la urgencia va más allá del alimento; hoy se necesitan de manera desesperada campañas de donación que incluyan ropa de invierno, zapatillas y mantas para mitigar el impacto de las noches más frías del año.
Mientras el invierno avanza sin piedad, la realidad de los chicos y sus familias en los sectores vulnerables de Berisso exige una respuesta estructural urgente. El frío no es solo una condición climática; en los márgenes de la ciudad, es un factor de exclusión que golpea la salud, el desarrollo y la dignidad de quienes menos tienen.



