La reciente publicación del Índice de Transparencia Fiscal Municipal, elaborado por la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera (ASAP) correspondiente al primer trimestre de 2026, ha vuelto a encender las alarmas sobre la descomunal brecha que existe entre las planillas burocráticas y la cruda realidad que viven los ciudadanos a pie de calle. En un resultado que roza el absurdo kafkiano, el municipio de Berisso ha vuelto a alzarse con un puntaje ideal de 100 unidades, colocándose en la cúspide de la supuesta «excelencia institucional», mientras que el vecino distrito de Ensenada quedó relegado una vez más a los últimos escalones con apenas 30 puntos.
Esta distorsión metodológica no solo premia un cumplimiento meramente formal y digital, sino que además le sirve en bandeja de plata al intendente Fabián Cagliardi un logro de pura ficción para jactarse públicamente y maquillar una gestión caracterizada por el estancamiento estructural, los servicios defectuosos y una preocupante falta de participación comunitaria genuina.
Cualquier ciudadano que recorra las calles de Berisso sabe perfectamente que el «puntaje perfecto» en transparencia fiscal es una entelequia de oficina. Mientras el organigrama oficial se carga pulcramente en una página web para satisfacer los casilleros de la ASAP, en el plano real el municipio padece un atraso crónico: casi no tiene crecimiento económico, los servicios públicos esenciales se encuentran en un estado de parálisis y deficiencia estructural, y el parque automotor comunal es prácticamente inexistente, obligando a parches y contrataciones poco claras. Lo más grave ocurre en el plano institucional cotidiano, donde los vecinos desconocen la identidad y funciones de la totalidad de los funcionarios públicos que toman las decisiones.
Asimismo, los procesos de licitación pública se dirimen habitualmente a puertas cerradas, transformando el acceso a la información económica en un trámite exclusivo para burócratas, lejos de la mirada fiscalizadora de la sociedad civil y del periodismo independiente. Es el triunfo del papeleo por sobre la transparencia real.
La contradicción se vuelve flagrante y hasta insultante al contrastar estos datos con la realidad de Ensenada. A pesar de figurar en el fondo de los rankings debido a tecnicismos en la carga de datos específicos de gastos por finalidad, el municipio ensenadense exhibe un crecimiento y un desarrollo en infraestructura que resulta inalcanzable para la administración berissense.
El contraste fundamental radica en la decisión política y la capacidad técnica respecto del manejo de la información pública. Ensenada utiliza su prensa oficial como un canal de rendición de cuentas diario y dinámico, publicando detalladamente las obras en ejecución, el estado de los servicios públicos y la asignación de recursos en tiempo real, de cara a la comunidad. En contrapartida, Berisso hace exactamente lo contrario: restringe la comunicación a gacetillas protocolares y esconde las decisiones de fondo detrás de una fachada web estática.
El ejemplo más palmario e incontestable de esta falsedad conceptual se observa en los llamados a licitación pública. Mientras la gestión de Ensenada convoca de manera abierta a los vecinos y a los medios de comunicación locales para presenciar de forma presencial los actos de apertura de sobres y contrataciones, garantizando que el control social se ejerza en el mismo instante en que se comprometen los fondos públicos, en Berisso esos mismos procesos se ocultan sistemáticamente de la mirada pública.
La paradoja es total: el municipio que esconde sus procesos licitatorios recibe 100 puntos por subir documentos terminados a un portal oficial, mientras que el municipio que abre sus puertas a la comunidad y somete sus actos al escrutinio vecinal directo es penalizado por la rigidez de un indicador que no mide la transparencia real, sino la prolijidad del formateo digital. Este divorcio entre el dato estadístico y la vivencia comunitaria demuestra que los índices de transparencia, si no evalúan la participación ciudadana efectiva y la calidad de los servicios prestados, terminan convertidos en una herramienta de propaganda para gobiernos mediocres que confunden subir archivos en formato PDF con gobernar de cara al pueblo.



