La desesperación y la incertidumbre vuelven a apoderarse de las calles de la ciudad. Lo que debía ser una jornada de visibilización y búsqueda de soluciones se transformó en un nuevo portazo institucional para los trabajadores de la cooperativa textil local.

Tras la masiva movilización realizada en el día de ayer hacia el Ministerio de Salud y la Casa de Gobierno Provincial en La Plata, las idas y vueltas burocráticas terminaron de la peor manera: no recibieron ninguna respuesta y, lo que es aún más grave, ni siquiera fueron recibidos por las autoridades provinciales.

La marcha, que reflejó la angustia de quienes ven peligrar su única fuente de sustento, desnudó además un profundo malestar con la gestión municipal que encabeza Fabián Cagliardi. Los trabajadores esperaban que el jefe comunal intercediera con firmeza ante la Provincia, dada su declarada alineación con el gobierno de Axel Kicillof. Sin embargo, la realidad puertas adentro del palacio municipal expuso una cara muy distinta.

Según trascendió en las últimas horas, la falta de apoyo político real por parte de Cagliardi quedó en evidencia a través de sus propias directivas. Lejos de ponerse a la cabeza del reclamo o de abrir canales efectivos de negociación, el intendente optó por desentenderse de la situación de manera tajante: «los mandó a marchar» a La Plata, argumentando de manera privada un desgastado «ya hice todo lo que pude».

Esta postura contrasta abiertamente con la imagen pública que el mandatario local suele proyectar hacia la comunidad berissense, donde se jacta de su estrecha amistad y cercanía con el Gobernador provincial. Para muchos, este «lavado de manos» representa una desprotección absoluta en un momento crítico, dejando en claro que la sintonía política no se traduce en beneficios ni soluciones para los sectores más vulnerables de la región.

La crisis de la cooperativa textil no es una novedad absoluta en la historia laboral de la ciudad, pero el abordaje político actual marca un quiebre preocupante. Quienes tienen memoria recuerdan que esta situación convulsiva se ha replicado en más de una oportunidad a lo largo de las últimas décadas.

El conflicto textil civilizó momentos de alta tensión durante la intendencia de Néstor Juzwa, y volvió a encender las alarmas bajo los mandatos de Enrique Slezack y Jorge Nedela. Sin embargo, hay una diferencia fundamental respecto al pasado: en aquellas oportunidades, con matices e intensidades distintas, las conversaciones y las mesas de negociaciones fueron encaradas de forma directa y personal por los propios intendentes de turno.

Hoy, el escenario es radicalmente opuesto. La gestión de Cagliardi parece adoptar una postura de alarmante pasividad, permitiendo de forma casi complaciente que 140 familias queden al borde del desempleo y la exclusión.

Mientras la cooperativa evalúa cuáles serán los próximos pasos a seguir tras el fracaso de la movilización de ayer, la tensión social en Berisso va en aumento. Los trabajadores sostienen que no darán el brazo a torcer, conscientes de que lo que está en juego es el plato de comida de más de un centenar de hogares que hoy, más que nunca, se sienten abandonados por quienes deberían representarlos.

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