Un nuevo y dramático giro sacude la investigación por la desaparición de los cinco pescadores argentinos que son intensamente buscados desde mediados de junio. En las últimas horas, efectivos de la Prefectura de Uruguay reportaron el hallazgo de un cadáver en la costa de Atlántida, una localidad balnearia ubicada en el departamento de Canelones.
Ante este escenario, la Justicia del vecino país dispuso de inmediato la intervención de la Fiscalía Letrada de la jurisdicción para coordinar las pericias forenses necesarias con el único objetivo de establecer de manera científica las causas del fallecimiento y, fundamentalmente, certificar si los restos biológicos recuperados pertenecen a uno de los integrantes del grupo que zarpó desde Berazategui hace casi tres semanas.
Las primeras observaciones de los peritos oficiales en el lugar del hallazgo indicaron que las estructuras óseas y los tejidos examinados preliminarmente no presentaban lesiones externas que sugieran la participación de terceras personas o signos de criminalidad manifiesta. Debido a esta circunstancia, los investigadores navales y judiciales sostienen de manera unánime que el cuerpo habría sido arrastrado por la acción combinada de las fuertes corrientes internas y los severos vientos del cuadrante sur que azotaron con especial violencia la cuenca del Río de la Plata durante las jornadas subsiguientes al momento de la desaparición, desplazándolo decenas de kilómetros fuera de su ruta original.
Hasta el momento, las tareas de rastrillaje y los operativos coordinados entre ambos países permitieron localizar e identificar formalmente los cuerpos de Sebastián Romegialli, de 50 años, hallado por un buque mercante a fines de junio a unos sesenta kilómetros de la costa de Atalaya, y de Carlos Kovach, cuyos restos fueron recuperados dos días más tarde en la zona de Punta Indio.
De confirmarse genéticamente que el cadáver hallado en el litoral uruguayo corresponde a la misma tripulación, la cifra de víctimas fatales confirmadas ascendería a tres, reduciendo a dos el número de personas que aún continúan en condición de desaparecidas en el amplio estuario.
La tragedia que moviliza a las fuerzas operativas comenzó en la mañana del pasado 14 de junio, cuando los cinco hombres se internaron en las aguas del río a bordo de la embarcación «Chamigo-Ho» desde el predio del Camping Hudson con la intención de realizar una jornada de pesca deportiva.
Pese a que el navío contaba con elementos de seguridad esenciales como chalecos salvavidas, bengalas de señales y equipos de radiocomunicación VHF, la ausencia de dispositivos de localización satelital automatizados o radiobalizas de emergencia complejizó los rastreos iniciales que cubrieron cuadrantes desde Hudson hasta las playas de Berisso, Ensenada y Magdalena, prolongando la agónica espera de los familiares mientras continúan los despliegues de búsqueda en toda el área ribereña.




