La comunidad educativa de Berisso y la región atraviesa hoy una jornada de profunda zozobra, marcada por una escalada de amenazas de tiroteos que ha paralizado el pulso cotidiano de nuestras escuelas secundarias.
Lo que para algunos estudiantes puede parecer una «broma» o un simple desafío de redes sociales, ha escalado hasta convertirse en una problemática de seguridad pública que nos obliga a mirar hacia atrás, hacia aquel 2018 cuando una ola de amenazas de bomba saturó el sistema judicial y policial de nuestra ciudad.
En aquel entonces, lo que comenzó como un juego terminó con allanamientos, causas penales y familias enteras rindiendo cuentas ante la ley. La historia parece repetirse hoy, pero con un tinte más oscuro: ya no es una voz distorsionada por teléfono, sino una pintada en un baño o una imagen viralizada que juega con el fantasma de las tragedias escolares.
El fenómeno actual encuentra su combustible en un pernicioso reto viral de TikTok que incita a los jóvenes a publicar la frase «mañana tiroteo» o «tiroteo el viernes». A esta tendencia se le suma una preocupante circulación en grupos de WhatsApp de fotografías de jóvenes portando armas, imágenes que en su gran mayoría son falsas o tomadas de internet, pero que cumplen su objetivo de sembrar el pánico de forma instantánea.
Es imperativo que, como sociedad, comprendamos que la velocidad del algoritmo no puede superar la velocidad de nuestra capacidad crítica. Habrá que explicarle a los jóvenes que estas acciones que parecen travesuras; son delitos tipificados como intimidación pública que pueden derivar en antecedentes penales permanentes para los involucrados.
Ante este escenario de incertidumbre, es vital destacar la respuesta institucional que busca contener la angustia de los padres. El Ministerio de Seguridad y las autoridades escolares están trabajando de manera coordinada para garantizar que las escuelas sigan siendo territorios de paz.
Instituciones de Berisso han sido claras en su mensaje a la comunidad: el objetivo primordial es el bienestar de los estudiantes. Las autoridades ya conocen el origen de estas versiones y se encuentran articulando con los organismos competentes para blindar los edificios escolares, asegurando que las puertas de las escuelas permanezcan abiertas no solo para el dictado de clases, sino también para escuchar, acompañar y buscar soluciones conjuntas con cada familia.
Llevar tranquilidad a los hogares es hoy la tarea más urgente. No debemos permitir que el miedo dicte la agenda de la educación de nuestros hijos. Es momento de que las familias retomen el diálogo profundo con los jóvenes sobre la responsabilidad digital y las consecuencias reales de sus actos virtuales. La escuela seguirá siendo ese lugar seguro de encuentro y aprendizaje, siempre y cuando todos —docentes, directivos, padres y alumnos— nos comprometamos a desarmar estos mecanismos de miedo con la verdad y la convivencia.




