La memoria tiene los caminos más misteriosos, pero el corazón siempre sabe hacia dónde caminar. Esta es la historia de Luis Mariano Pino, un hombre que hoy, con la madurez de los años pero con la misma necesidad de abrazo de aquel bebé nacido en 1974, busca el eslabón más importante de su vida: su mamá.
Su documento dice que nació en Berisso un 13 de noviembre, pero detrás de esos papeles fríos y apócrifos hay una verdad latente que el tiempo no pudo borrar. Luis Mariano sabe hoy que su verdadera historia comenzó a escribirse unos días antes, probablemente un 7 de noviembre de 1974, en la casa de una partera ubicada en la calle 57 de la ciudad de La Plata.
Allí, una adolescente de apenas 15 o 16 años, llegada desde la provincia de Misiones para pasar unas vacaciones en la casa de sus tíos, se encontró sola, asustada y con el milagro de la vida creciendo en su vientre.
Quienes debieron cuidarla, se aprovecharon de su vulnerabilidad, de su corta edad y de su distancia con el hogar. Entre promesas de ayuda y un entramado de adultos que tejieron su destino, la mudaron a lo de la partera y le cubrieron los gastos, preparándolo todo para una adopción ilegal. Pero hay un detalle que a Luis le estruja el alma y, a la vez, le da las fuerzas para no bajar los brazos: el día del nacimiento, su mamá no quería entregarlo. Se arrepintió. Lloró, resistió y lo que iba a ser un trámite de minutos se transformó en horas de angustia en aquella casa.
Mientras tanto, en las torres bajas de Diagonal 80 y 116, una fiesta esperaba la llegada de ese bebé, ajena al dolor de una madre a la que le estaban arrancando un pedazo de su propio ser.
Luis Mariano Pino creció en La Plata, primero en esas torres frente al hipódromo y luego en la zona de 56 entre 20 y 21. El camino de la búsqueda ha sido largo y difícil. Ya pasó por el examen de Abuelas de Plaza de Mayo, que dio negativo, y ahora espera con esperanza los resultados de un ADN ancestral de My Heritage. También sigue pistas minuciosas, como el recuerdo de una posible tía de su madre, de apellido Meza, con lazos entre Posadas y La Plata.
Hace pocas semanas, las manos solidarias de las trabajadoras del Registro de las Personas de Berisso lo ayudaron a conseguir copias de su partida, aunque sabe que la verdad no está en los sellos, sino en el recuerdo de una mujer que hoy debe rondar los 67 o 68 años.
Por eso, esta nota no es solo una reconstrucción de datos. Es un puente tendido al pasado, un mensaje lanzado al viento con la fe de que llegue al norte del país o a cualquier rincón donde ella se encuentre. Si en noviembre de 1974 fuiste esa chica misionera que viajó a La Plata, si tuviste a tu bebé en una casa de calle 57 y te obligaron a dejarlo cuando todo tu cuerpo y tu alma te pedían quedarte con él, tenés que saber que ese bebé nunca te olvidó. Hoy es un hombre que entiende tu dolor, que no juzga y que solo quiere encontrarte para sanar juntos esa herida de hace más de medio siglo.
Si la memoria te late en el pecho al leer estas líneas, Luis Mariano te está esperando del otro lado del teléfono, en el 1143995213, con los brazos abiertos para decirte, por fin, «acá estoy, mamá».




