La economía argentina comienza el año 2026 bajo el impacto de lo que diversos analistas denominan una «glaciación productiva», con cifras que exponen una profunda fragilidad en el sector privado.

Según los datos consolidados de organismos técnicos y cámaras empresariales al cierre del último ciclo, el país ha perdido un total de 20.134 empresas en los últimos dos años, lo que representa un promedio alarmante de 28 cierres por día.

Este fenómeno ha golpeado de manera desproporcionada a las pequeñas y medianas empresas (PyMEs), que constituyen el 99% de las firmas que dejaron de operar, afectando principalmente a los sectores de transporte, comercio minorista y construcción.

La desaparición de estas unidades productivas ha tenido un impacto directo en el mercado de trabajo, acumulando una pérdida de aproximadamente 300.000 empleos registrados en el sector privado.

La dinámica de esta crisis laboral muestra una faceta dual: mientras que las micro y pequeñas empresas han intentado sostener sus plantillas mediante esquemas de flexibilidad, las grandes compañías —aquellas con más de 500 empleados— han sido responsables de la mayor parte de los despidos masivos, representando casi el 70% de la reducción total de puestos de trabajo directos a pesar de registrar muy pocos cierres de establecimientos.

A este panorama de despidos se suma una creciente ola de suspensiones y conflictos laborales que afecta a las principales provincias industriales del país.

Miles de trabajadores se encuentran actualmente bajo regímenes de suspensiones rotativas o han sido incluidos en programas de retiros voluntarios, una estrategia utilizada por las terminales automotrices y las plantas petroquímicas para evitar el cese total de actividades frente a la caída del consumo interno.

La capacidad instalada de la industria se mantiene en niveles críticos, operando por debajo del 40% en sectores clave como el textil y el metalmecánico.

El inicio de este primer trimestre de 2026 se presenta con una proyección de alta inestabilidad, donde la industria fabril estima que continuará perdiendo entre 1.500 y 2.000 empleos por mes. Con una deuda externa que presiona las reservas y un mercado interno que no logra repuntar, la supervivencia de los comercios y PyMEs restantes depende de una reactivación del consumo que, por el momento, no se refleja en los indicadores de ventas minoristas ni en los índices de actividad industrial.

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