El conflicto en torno al cierre de Acerías Berisso ha alcanzado un nuevo pico de tensión tras las declaraciones de Nicolás Dudiuk, exgerente comercial y accionista minoritario de la firma, con el medio platense 0221.

Luego de los escraches realizados por los trabajadores en su domicilio de Villa Elisa, Dudiuk decidió romper el silencio para ofrecer su versión sobre el cese de actividades ocurrido en octubre de 2025 y aunque poco dijo de «pagar lo que debe», denunció haber sido víctima de violencia durante las protestas gremiales.

El empresario relató que su decisión de desvincularse por completo de la empresa se precipitó tras un episodio que calificó como un secuestro. Según su testimonio, durante una de las jornadas de protesta en la planta, los trabajadores se atrincheraron y votaron en asamblea impedirle la salida.

«Habían votado entre ellos si me dejaban salir o no, y votaron que no; ahí fue cuando dije que no volvía más», sentenció Dudiuk, quien aseguró que prefiere perder todo antes que regresar a Berisso y a un entorno que describió como hostil y violento.

La fábrica, que funcionó de manera ininterrumpida durante 50 años, entró en crisis terminal a finales del año pasado cuando los directivos intentaron realizar lo que llamaron «reestructuración», una movida que implicaba el despido de 20 operarios.

En aquel momento comenzó la protesta de los trabajadores que llegó a su pico el día que encontraron la fábrica cerrada, respondiendo a ello con una toma pacífica y denunciando que la intención real de los dueños era vaciar la planta para trasladar la maquinaria y reabrir bajo otra firma.

A pesar de todo ésto, en la entrevista, Dudiuk desmintió estas versiones, argumentando que la situación económica era «irremontable» debido a una concatenación de crisis: la quiebra de un cliente clave en 2012, los daños totales sufridos por la inundación de 2013 y la posterior apertura de importaciones durante el Gobierno de Mauricio Macri, que destruyó su principal mercado.

Respecto a los reclamos salariales e indemnizaciones adeudadas, el exgerente dió una explicación curiosa, ya que aseguró que la intención inicial era pagar las deudas en cuotas mediante un plan de productividad reducido, pero que la intervención de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y la falta de disciplina de los trabajadores impidieron cualquier acuerdo.

Dudiuk también cuestionó los escraches en su domicilio particular, donde denunció daños materiales como el robo del medidor de luz y cortes en el suministro de gas, advirtiendo que ya existen órdenes perimetrales vigentes y que habrá consecuencias legales para quienes las incumplan.

Finalmente, el empresario platense se mostró escéptico sobre el futuro del predio y de los puestos de trabajo. Aseguró que la empresa «ya no existe» y que no cuenta con patrimonio ni crédito bancario para afrontar los pagos exigidos.

En un tono amargo, concluyó con una reflexión sobre el clima de inversión en el país, afirmando que tras esta experiencia no volvería a emprender ni a generar empleo en Argentina, criticando un sistema donde, el empresario es una «víctima» y es tratado como un delincuente ante el fracaso económico.

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