El Gobierno de Javier Milei intenta instalar un clima de euforia tras conocerse que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril se ubicó en el 2,6%, presentándolo como una victoria definitiva que los ciudadanos deben celebrar.
Sin embargo, detrás del marketing de la «baja», la realidad de las góndolas cuenta una historia mucho más cruda, ya que celebrar que los precios subieron «solo» un 2,6% es una falta de empatía con una sociedad castigada por un acumulado asfixiante que ya suma un 12,3% en apenas cuatro meses de este año. Lo que el relato oficial omite es que este supuesto respiro se da sobre una base de precios que ya es prohibitiva para la clase media y los sectores vulnerables, donde el ritmo de aumento ligeramente más pausado ocurre mientras el poder adquisitivo sigue corriendo muy por detrás.
La supuesta desaceleración no oculta que la presión inflacionaria sigue siendo alarmantemente federal y pareja en todo el país. El Gran Buenos Aires lideró las subas con un 2,8%, seguido por el Noreste con un 2,7% y la Patagonia con un 2,6%, demostrando que no hay refugio geográfico contra el aumento del costo de vida.
Cuando el Ejecutivo pide festejar, ignora que la comparación interanual respecto a abril de 2025 arroja una cifra escalofriante: los precios han escalado un 32,4% en doce meses, números que en cualquier economía sana serían motivo de emergencia nacional y no de publicaciones triunfalistas en redes sociales.
Resulta cínico pedirle al vecino de Berisso o al jubilado que espera su aguinaldo en junio que se alegre por un índice que sigue carcomiendo su capacidad de compra día tras día. La realidad es que los precios siguen subiendo, el acumulado anual proyecta un año de muchísima dificultad y la inflación interanual confirma que la estructura de costos en Argentina sigue rota.
En definitiva, el 2,6% de abril es un éxito solo en las planillas de Excel oficiales, mientras que en la vida real, donde se pagan el alquiler, la comida y el transporte, el «respiro» del Gobierno se siente más como el último aliento de los ahorros populares.




