La reciente aprobación de la Rendición de Cuentas 2025 en el Concejo Deliberante de Berisso, lograda por un ajustado margen de 11 votos contra 9, pone de manifiesto una crisis que va más allá de lo presupuestario: la confusión deliberada entre la prolijidad de una planilla de Excel y la transparencia real.
Mientras el oficialismo se refugia en la corrección técnica de los números, la oposición y la ciudadanía denuncian una «ingeniería contable» diseñada para ocultar el destino de los fondos públicos. La transparencia no consiste en que las sumas y restas den el resultado esperado, sino en permitir que se audite quiénes son los proveedores, cómo se ganan las licitaciones y en qué se gasta cada peso de los contribuyentes.
En Berisso, el acceso a la información parece ser un obstáculo antes que un derecho. La entrega de la clave del sistema RAFAM apenas un día antes de la sesión es una muestra clara de obstrucción administrativa; un acceso simbólico que impide cualquier análisis serio sobre una masa de recursos que superó los 60 mil millones de pesos, excediendo en casi un 5 por ciento el presupuesto original.
Esta opacidad se profundiza con decretos como el 533, que movilizó 16 millones de pesos en el último día del año mediante reasignaciones internas, una maniobra que permite mover partidas sin alterar el total, invisibilizando el destino final del dinero tras una máscara de compensación automática.
Resulta particularmente alarmante el uso de «ahorros» municipales para cubrir gastos corrientes, tal como revela el Decreto 1472 por un monto de 2.600 millones de pesos. Este mecanismo es una confesión de insolvencia: los ingresos genuinos no alcanzan para sostener la estructura política. Mientras tanto, se traslada una deuda flotante superior a los 2.789 millones de pesos para el ejercicio 2026, hipotecando el futuro de la ciudad.
El contraste con la realidad de los barrios es insostenible. Mientras el gasto en funcionarios y estructuras políticas se mantiene inalterable, la comunidad padece la falta de insumos básicos, el deterioro de la flota de vehículos municipales y una asistencia social que no llega. Como se señaló en el recinto, «el municipio y la calle no reflejan esos números maravillosos».
Hay una ciudad que se cae a pedazos, con falta de mantenimiento y servicios deficientes, que choca de frente con una rendición que habla de superávit y equilibrio. La respuesta oficialista, que atribuye todo al ajuste externo, no logra tapar la falta de datos concretos sobre proveedores permanentes y contratos de locación. En definitiva, Berisso cerró un balance que, bajo la apariencia de un Excel ordenado, oculta mucho más de lo que muestra.




