Como cada año, el aroma a río y la calidez de la arena en las playas de Berisso se tiñen de una mística especial para celebrar el Día Nacional del Guardavidas, una jornada que combina el homenaje a la valentía con la realidad cotidiana de quienes cuidan la vida en las aguas del Río de la Plata.
La fecha tiene un origen marcado por el sacrificio: cada 4 de febrero la Argentina recuerda a Guillermo “El Chino” Volpe, el primer guardavidas fallecido en cumplimiento de su deber durante un rescate en Playa Grande, Mar del Plata, en 1978.
Aunque a veces persiste la confusión con el 14 de febrero por antiguas diferencias administrativas, el sentimiento de la comunidad rescatista local se mantiene firme en esta jornada.
En Berisso, este día tiene un peso propio. Ser guardavidas en la «Capital Provincial del Inmigrante» no es lo mismo que en el mar; aquí se lucha contra la sudestada, los camalotes y las traicioneras corrientes del río que exigen un conocimiento profundo del territorio.
Este 2026 encuentra al cuerpo de guardavidas local en un proceso de fortalecimiento, con una temporada que ha integrado nuevos kayaks, aletas y torpedos de última generación, además de una base de radio de largo alcance que conecta de manera inédita los balnearios de La Balandra, Playa Municipal, Bagliardi y la Isla Paulino.
El momento más emotivo de la jornada se vive al caer el sol con la tradicional «Antorchada». En este ritual, los guardavidas de la ciudad ingresan al agua con antorchas encendidas, formando un círculo de fuego sobre el río en memoria de los compañeros que ya no están y como símbolo de la luz que guía sus rescates.
«El río te exige respeto constante. No solo somos rescatistas, somos preventores que educamos al vecino sobre cómo disfrutar del agua de forma segura», comentan desde los puestos de la Playa Municipal.
Con temperaturas que han obligado a intensificar las guardias, el rol del guardavidas se ha vuelto esencial para los miles de turistas que llegan de toda la región. Hoy, mientras los silbatos marcan el límite de lo permitido, Berisso se detiene un momento para agradecer a esos centinelas que, con el sol sobre sus hombros, velan por el regreso a casa de cada familia.




