El aumento extremo de las temperaturas en la región nos obliga a prestar un poco más de atención a lo que nuestro cuerpo intenta decirnos, ya que un golpe de calor puede pasar de una simple molestia a una situación delicada en cuestión de minutos.
Básicamente, esto ocurre cuando nuestro «termostato» interno falla y la temperatura corporal sube por encima de los 40°C, superando la capacidad del organismo para enfriarse.
Para darnos cuenta a tiempo, hay que estar atentos a señales muy claras: si notás que alguien tiene la piel muy roja, caliente y curiosamente seca (porque el cuerpo ya ni siquiera puede sudar), o si aparecen mareos, un dolor de cabeza que late con fuerza y mucha confusión, es momento de actuar sin vueltas.
Si te encontrás en una situación así, lo primero es mantener la calma y buscar frescura de inmediato. Hay que llevar a la persona a la sombra o a un lugar con aire acondicionado y tratar de bajarle la temperatura como sea: valen las toallas mojadas, el hielo envuelto en tela o incluso un baño con agua fresca, haciendo foco en el cuello, las axilas y la ingle para ayudar al sistema circulatorio a enfriarse.
Si la persona está lúcida, lo ideal es que tome agua de a sorbos pequeños, evitando el café o las bebidas con mucha azúcar que solo deshidratan más. Recordá que, ante la menor duda o si notás que la persona está muy mareada o se desmaya, lo mejor es llamar a emergencias mientras seguís refrescándola, porque en estos casos, cada minuto cuenta para sentirse mejor.




