En medio de discursos de gestión y «revoluciones» imaginarias y puestas en «valor» solo de calles y veredas del centro de la ciudad, la realidad en los barrios de Berisso, la ciudad que supo ser «Cuna de la Inmigración», dista mucho de lo que el intendente Fabián Cagliardi intenta mostrar.

Esta semana, la calle 147 Norte, entre 15 y 16, fue testigo de un hecho que debería avergonzar al intendente: un grupo de vecinos debió unirse para arreglar su propia calle ante la inacción del Estado municipal.

Las imágenes que llegaron a nuestra redacción son contundentes: a plena luz del día, palas, picos y una carretilla se convirtieron en las herramientas de trabajo de hombres y mujeres que, lejos de ser operarios de una cuadrilla oficial, son simplemente habitantes cansados de un reclamo sin respuesta.

El barro acumulado durante meses, las cunetas repletas de basura y el olor a estancamiento son el paisaje habitual de un barrio que el intendente Cagliardi parece haber olvidado, mientras «pone en valor» la «bajadita» en pleno centro de la ciudad.

“Hace meses que venimos pidiendo que nos arreglen la calle, no se puede transitar, especialmente cuando llueve”, comentó indignada una vecina. “Llamamos a la Municipalidad, hicimos pedidos formales y nada. Incluso hablamos con funcionarios cercanos a Cagliardi, pero todo quedó en promesas”, añadió otro vecino mientras empujaba una carretilla llena de tosca.

Lo más grave no es solo la falta de respuestas, sino el profundo malestar y la sensación de abandono que sienten los vecinos. “Cagliardi se llena la boca hablando de gestión, pero acá la realidad es otra. Pagamos nuestros impuestos y no recibimos nada a cambio. Nos da vergüenza tener que hacer esto, pero si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo va a hacer?”, sentenciaron.

Esta iniciativa vecinal, que denota un espíritu de solidaridad y autogestión ejemplar, es al mismo tiempo una bofetada a la gestión de Cagliardi. Mientras el intendente se dedica a las fotos de protocolo y los actos políticos, los problemas estructurales de la ciudad siguen sin resolverse.

La 147 Norte es solo un ejemplo de la profunda desidia municipal que afecta a numerosos barrios de Berisso.

La indignación vecinal no es para menos. Berisso, una ciudad con una rica historia y un potencial enorme, merece una gestión que esté a la altura de las necesidades de su gente.

Cagliardi, que asumió con promesas de cambio y renovación, debe dejar de lado el marketing político y enfocarse en los problemas reales de los vecinos. El barro y el abandono son postales de su fracaso.

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