La otra «cifra negra»: crecen los hurtos y escruches en Berisso frente a una alarmante falta de patrullaje y recursos policiales. La modalidad de robos en ausencia de moradores y los hurtos menores golpean a distintas zonas del distrito. Ante la falta de respuestas, crece el desinterés de los damnificados por radicar las denuncias. En paralelo, voces internas de la fuerza advierten sobre el vaciamiento operativo.
La tranquilidad que solía caracterizar a los barrios de Berisso se desvanece al ritmo de una modalidad delictiva que no se detiene: los hurtos al voleo y los «escruches» —robos en viviendas aprovechando la ausencia de sus dueños—. Aunque el mapa del delito oficial intenta mostrar estabilidad, la realidad en las calles revela un fenómeno preocupante: una enorme cantidad de hechos ya no ingresa en las estadísticas policiales.
Vecinos de zonas como Villa Argüello, Barrio El Carmen y las inmediaciones de las calles 28 y 160 coinciden en un diagnóstico común. Los delincuentes operan bajo la modalidad de «escalamiento» de paredones, ingresando a patios y viviendas en plena madrugada para llevarse lo que encuentren a mano: desde herramientas y materiales de construcción hasta garrafas o bicicletas.
El dato más alarmante que se desprende de las asambleas vecinales y las recorridas por los barrios es la renuncia sistemática a denunciar. Esta decisión no nace de la indiferencia, sino del desánimo y la burocracia. «Si te entran al patio y te llevan una bicicleta o las herramientas de trabajo, ir a la comisaría implica pasar tres o cuatro horas esperando, para que después quede en la nada» dicen los vecinos. «No denunciamos porque es perder el tiempo, no recuperás lo tuyo y encima te exponés», relató un frentista afectado.
Esta alarmante «cifra negra» de la delincuencia genera un círculo vicioso: al no haber denuncias formales, los mapas de calor del delito muestran que en la zona no pasa nada, lo que justifica que el municipio y la Provincia deriven los pocos recursos disponibles a otras localidades.
El reclamo por la escasez de patrullajes preventivos es unánime en todo el distrito. Los vecinos aseguran que los móviles del Comando de Patrullas de Berisso rara vez se ven circulando por el interior de las cuadrículas barriales, limitando su presencia a las avenidas principales y dejando a los sectores periféricos en una situación de virtual zona liberada.
Frente a este panorama, las alarmas vecinales comunitarias, los grupos de WhatsApp y el uso de cámaras de seguridad particulares se convirtieron en la primera y única línea de defensa de la comunidad para alertarse ante movimientos sospechosos o identificar a los malvivientes por su cuenta.
La falta de presencia policial en las calles no parece ser una decisión táctica, sino una consecuencia directa del colapso operativo. Según testimonios y denuncias anónimas de efectivos pertenecientes a las comisarías del distrito, las condiciones materiales de trabajo son críticas.
Los agentes advierten que un porcentaje alto de la flota de patrulleros se encuentra fuera de servicio por roturas mecánicas o falta de mantenimiento básico. A esto se le suma que los cupos de combustible diarios asignados son insuficientes para cubrir el recorrido completo de las cuadrículas durante las 24 horas, y que sufren una marcada escasez de personal operativo para cubrir tanto los objetivos fijos como las tareas de prevención en la vía pública.
La realidad es que salimos a la calle atando los patrulleros con alambre, confió un oficial de forma anónima. Si tenemos que cubrir tres cuadrículas con un solo móvil que apenas tiene combustible para el turno, es matemáticamente imposible estar en todos lados. La prevención hoy es un ideal lejano.
Mientras la brecha entre el delito cotidiano y las estadísticas oficiales se agranda, la comunidad de Berisso exige respuestas concretas de las autoridades provinciales y municipales. Sin recursos para las fuerzas y sin confianza de los vecinos para denunciar, la seguridad en la región se encuentra en su momento más complejo.



