Este miércoles, un grupo de vecinos de Berisso se acercó a la Intendencia con la esperanza de obtener respuestas concretas sobre su futuro laboral, pero se encontraron con un escenario ya familiar en la gestión de Fabián Cagliardi: evasivas, promesas incumplidas y una reacción desmedida ante la mirada pública.
La situación, lejos de resolverse con el diálogo prometido por el intendente, evidenció nuevamente las falencias de un gobierno que parece más preocupado por controlar la narrativa que por atender las necesidades urgentes de la comunidad.
Los vecinos, provenientes del barrio Nueva York, que aguarda mejoras de infraestructura financiadas con fondos provinciales, reclaman que se cumpla un previo acuerdo donde pedían que la empresa adjudicataria de las obras contrate mano de obra local. Este pedido, que busca generar oportunidades de trabajo genuino para la gente del barrio, había sido planteado en reuniones anteriores y, según los manifestantes, Cagliardi se había comprometido a gestionarlo una vez que se presentara un listado formal de los interesados.
Sin embargo, tras cumplir con los requisitos, los vecinos se encontraron con una negativa rotunda por parte del jefe comunal, quien intentó desligarse de cualquier responsabilidad.
«En esta oportunidad, el intendente expresó que los puestos de trabajo dependen de la empresa, desligándose de todo compromiso», manifestaron los vecinos.
Esta respuesta no solo genera indignación sino que también expone una falta de liderazgo y una desconexión total con la realidad de los ciudadanos. Si bien es cierto que la contratación final depende de la empresa, un intendente con verdadera vocación de servicio debería actuar como mediador y gestor para garantizar que los beneficios de las obras públicas, financiadas con recursos de todos los bonaerenses, se traduzcan en oportunidades concretas para los habitantes de su municipio.
La actitud de Cagliardi, de «lavarse las manos» ante una demanda tan legítima, deja mucho que desear y refuerza la percepción de un gobierno que le da la espalda a su gente.
Pero quizás lo más preocupante de la jornada no fue la falta de respuestas, sino la reacción del propio Cagliardi al verse filmado por uno de los vecinos. En un video que circuló rápidamente por las redes sociales, se observa al intendente visiblemente molesto, intentando evitar que se registre el encuentro. «Lo peor que podés hacer es filmar, la verdad te digo», se lo escucha decir al jefe comunal, en un tono que dista mucho del diálogo respetuoso que debería primar en una democracia.
Esta reacción no es casualidad; parece ser un patrón de conducta en un funcionario que se siente incómodo ante la transparencia y la rendición de cuentas.
¿Qué oculta Cagliardi tras su malestar ante las cámaras? ¿Por qué le molesta que se registre un encuentro con vecinos que reclaman trabajo? ¿Acaso las promesas incumplidas, la falta de gestión y el trato desobligante son parte de un relato que prefiere mantener oculto?
La reacción de Cagliardi ante la filmación es un síntoma de un problema más profundo: una gestión que se siente amenazada por la mirada crítica de la ciudadanía y que prefiere operar en las sombras antes que enfrentar la realidad de sus propios fracasos.
La transparencia no debería ser vista como una amenaza, sino como una herramienta fundamental para construir confianza y garantizar una gestión pública honesta y eficiente.
Ante la falta de respuestas y el maltrato recibido, los vecinos del barrio aseguraron que no se quedarán callados y que seguirán luchando por el trabajo y por oportunidades dignas para todos. La gestión de Cagliardi, por su parte, deberá reflexionar sobre su forma de gobernar y sobre si su prioridad es servir a la comunidad o proteger su propia imagen.
La transparencia y el diálogo genuino son pilares fundamentales de una democracia sana; sin ellos, cualquier gestión está destinada al fracaso y a la pérdida de legitimidad ante los ojos de los ciudadanos.




