La madrugada en Berisso se vio sacudida por una tragedia que dejó a una familia con las manos vacías y el corazón roto. Eran cerca de las cinco de la mañana cuando el fuego comenzó a devorar una vivienda situada en la calle 131, entre 11 y 12.


En pocos minutos, lo que era un hogar se transformó en una trampa de llamas y humo que alertó a todo el vecindario, quienes, entre la desesperación y el asombro, dieron aviso inmediato a los bomberos.
Al lugar arribaron rápidamente dos dotaciones de Bomberos Voluntarios, encontrándose con un panorama crítico. El fuego se había extendido con tal fuerza que los efectivos debieron trabajar intensamente durante más de una hora para controlar la situación.


El riesgo era constante, especialmente cuando los bomberos ingresaron para retirar dos garrafas que representaban un peligro inminente de explosión. Gracias a esa maniobra, lograron evitar que el desastre pasara a mayores y que las viviendas linderas sufrieran las consecuencias del avance de las llamas.
A pesar de la velocidad con la que actuaron los equipos de emergencia, la fuerza del incendio fue implacable. La construcción, aunque era de material, sufrió daños totales y quedó reducida a escombros.
La familia que residía allí logró abandonar la estructura apenas comenzó el siniestro, resultando ilesos físicamente, aunque debieron presenciar cómo perdían todas sus pertenencias en cuestión de instantes.
Sin embargo, el momento más doloroso del operativo ocurrió tras extinguir el fuego. Mientras los bomberos realizaban las tareas de enfriamiento y remoción, hallaron el cuerpo sin vida de la mascota de la casa.
El perro no había logrado escapar del interior del inmueble, convirtiéndose en la pérdida más sensible de una jornada marcada por la desolación y la destrucción total.




