El 14 de septiembre de 2003 quedó grabado a fuego en la memoria política bonaerense como la jornada en la que el poder popular rompió con décadas de hegemonía tradicional. Mario Secco, un trabajador del corralón municipal de Punta Lara que había ingresado a la comuna con apenas 15 años y que forjó su liderazgo desde las bases como delegado a los 18, logró un triunfo histórico que puso fin a más de medio siglo de dominio del peronismo tradicional en Ensenada. Acompañado incondicionalmente desde aquellos primeros pasos por su compañero de ruta y leal aliado, Luis Blasetti, Secco encabezó una gesta política sin precedentes nacida en las entrañas del Sindicato de Trabajadores Municipales de Ensenada (STME).

Aquel hito cobró aún más relieve por el contexto y los rivales que enfrentó. Tras presidir el sindicato durante 14 años —donde demostró una gestión caracterizada por el superávit, la creación de redes sociales, la construcción de viviendas obreras y predios deportivos—, Secco fue impulsado por la propia asamblea de trabajadores a dar el salto a la política local. A través del Frente Alternativa de Cambio en Ensenada (FACE), conformó una amplia alianza con sectores del comercio, radicales, socialistas y diversos gremios de la zona. En frente estaba la poderosa estructura de Adalberto Del Negro, un barón territorial que contaba con todo el peso del aparato del PJ bonaerense.

El impacto de su victoria resonó con fuerza en los principales medios nacionales. Diarios como La Nación retrataron el fenómeno con asombro, titulando que «un gremialista radical le ganó al PJ en Ensenada» y destacando cómo este dirigente de origen obrero desbancó una hegemonía de 50 años. El medio liberal subrayó el perfil singular de un líder que, habiéndose afiliado al radicalismo en 1983 pero sin carrera partidaria previa, conducía un gremio donde el 90 por ciento de las bases era peronista. Los cronistas de la época dieron cuenta de su discurso victorioso desde la sede sindical, donde con exultante orgullo obrero afirmaba que «los trabajadores podemos» y sentenciaba con ironía que en Ensenada «el aparato no les alcanzó» contra la dignidad de un pueblo organizado.

Pese a que en aquella contienda el Frente para la Victoria nacional respaldaba la boleta oficialista local, Secco no dudó en marcar desde el primer día una clara afinidad ideológica con el proyecto emergente de Néstor Kirchner. Aunque en la prensa tildaba de «cachivaches» a los referentes del PJ tradicional de ese momento, expresó de inmediato su respaldo firme al presidente santacruceño, identificándose de lleno con sus políticas de derechos humanos, soberanía e industrialización. Ese apoyo inicial se transformó rápidamente en un vínculo indisoluble y en uno de los pilares del alineamiento incondicional de Ensenada con el proyecto nacional y popular.

Aquella histórica elección de 2003, en la que se impuso con casi el 45% de los sufragios, no fue un hecho aislado ni un golpe de suerte. Marcó el punto de partida de un modelo de gestión caracterizado por un avance colosal en la infraestructura de la ciudad. Ensenada pasó de ser un municipio castigado y endeudado a convertirse en un motor industrial, turístico y de obra pública regional, transformando la ribera de Punta Lara, potenciando el polo petroquímico, modernizando los servicios esenciales y garantizando salud y educación pública de calidad.

La respuesta de los ensenadenses a esa transformación estructural fue aplastante y sostenida en el tiempo. Desde aquel primer triunfo, la fórmula encabezada por Mario Secco y respaldada por Blasetti en el plano legislativo ratificó su liderazgo en cada cita electoral, superando ampliamente a la oposición en todas las reelecciones consecutivas con guarismos que con frecuencia sobrepasaron el 60% de los votos. A 23 años de aquella gesta sindical y comunitaria, la victoria de 2003 se consagra no solo como el quiebre de una hegemonía, sino como el nacimiento de una transformación histórica que devolvió el orgullo y el progreso a todo el pueblo de Ensenada.

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