Los reiterados y prolongados cortes de energía eléctrica que castigan a los vecinos de Berisso desde la madrugada de este viernes no son un hecho aislado, sino el síntoma evidente de la desidia, la falta de previsión y la nula inversión tecnológica y de infraestructura por parte de la empresa prestataria EDELAP.
Mientras la región padece una jornada marcada por bajísimas temperaturas, miles de usuarios se ven obligados a soportar el frío extremo sin posibilidad de calefaccionar sus hogares, con comercios paralizados que pierden su mercadería y con el riesgo constante de que se quemen sus electrodomésticos debido a la inestabilidad de una red obsoleta.
La magnitud del apagón expone la vulnerabilidad a la que la empresa somete a la comunidad de manera sistemática. El colapso del suministro eléctrico se extendió con fuerza a lo largo de la Avenida Montevideo, desde la calle 14 hasta la 42, afectando severamente a zonas clave como el centro de la ciudad, el barrio Obrero y San Carlos. La situación es alarmante también en la franja ribereña y las zonas periféricas: en Los Talas el servicio regresó brevemente a la mañana para volver a cortarse de inmediato, replicando el mismo escenario de desamparo en Santa Teresita, El Carmen y Villa Argüello.
La justificación de EDELAP, que atribuyó el desastre a una supuesta avería puntual en un cable alimentador, resulta inaceptable e insultante para los usuarios. Las excusas técnicas ya no bastan cuando es de público conocimiento que el tendido eléctrico no recibe las obras de mantenimiento esenciales para prevenir contingencias climáticas o picos de demanda.
El cinismo empresario queda aún más expuesto si se tiene en cuenta que en el día de ayer, mientras se gestaba este colapso, los jerarcas de EDELAP estuvieron en Berisso reunidos con el intendente Fabián Cagliardi.

Lejos de planificar mejoras para los barrios postergados, los directivos prefirieron sacarse unas cuantas fotos y anunciar con bombos y platillos en las redes sociales obras destinadas exclusivamente a darle luz a un emprendimiento privado que lleva cinco años construyéndose. Este nuevo episodio de desabastecimiento deja en claro que la empresa prefiere el marketing político y el privilegio corporativo antes que la inversión real, arrastrando a los barrios de Berisso a una precariedad energética intolerable que atenta directamente contra su calidad de vida.



