El panorama comercial en Berisso refleja una de las realidades más complejas de los últimos años. A pesar de los esfuerzos por sostener la actividad mediante liquidaciones anticipadas, promociones y rebajas de hasta el 30%, los locales de la ciudad —especialmente en el eje neurálgico de la Avenida Montevideo y la tradicional zona de Bajada 13— atraviesan un marcado desplome en las ventas que mantiene en alerta a propietarios y pequeñas empresas locales.

La recesión se siente a simple vista. Los comerciantes textiles, de calzado y de bienes no esenciales describen un escenario donde los precios se han visto obligados a estancarse o incluso bajar debido a la irrupción de segundas marcas y productos importados más económicos, pero ni siquiera esa flexibilización logra traccionar el consumo. La pérdida del poder adquisitivo ha modificado drásticamente las pautas de compra de los vecinos, quienes hoy concentran sus ingresos casi con exclusividad en el rubro alimentario y los servicios básicos, postergando cualquier otro tipo de gasto.

A la alarmante baja en la facturación se le suma una presión de costos que asfixia los márgenes de ganancia. Los altos valores de los alquileres comerciales en las zonas céntricas, el incremento de las tarifas y la creciente competencia de modalidades informales, como los showrooms residenciales o las ventas por redes sociales, configuran una ecuación financiera cada vez más difícil de sostener. De hecho, un reciente relevamiento del municipio enfocado en regularizar la situación dominial en la Avenida Montevideo encendió las alarmas al detectar decenas de comercios con dificultades para mantener sus habilitaciones al día, una muestra del desborde que sufren las administraciones de los pequeños negocios ante la urgencia de cubrir los costos operativos diarios.

El contraste con la región: Berisso la peor

Al analizar el mapa económico regional, la situación de Berisso adquiere un tinte de mayor preocupación en comparación con sus localidades vecinas del Gran La Plata. Un informe socioeconómico reciente elaborado por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) reveló que, mientras el bloque regional mostró tímidas señales de alivio e impulsó una recuperación promedio del 2,6% traccionada por los servicios financieros y ciertos sectores del comercio platense, Berisso quedó rezagada en la vereda opuesta, registrando una contracción neta del 1,03% en su actividad.

La diferencia estructural con Ensenada y La Plata marca el pulso de la crisis. Ensenada logra amortiguar el impacto del consumo interno gracias a su fuerte perfil industrial y manufacturero ligado a grandes empresas energéticas y siderúrgicas. Por su parte, la ciudad de La Plata, pese a sufrir también el impacto de la crisis con una vacancia de locales del 9% en su casco urbano y reclamos urgentes de la Federación Empresaria (FELP) por el cierre de comercios en el microcentro, cuenta con una masa crítica de administración pública, profesionales y actividad universitaria que le inyecta un piso mínimo de circulación monetaria a sus calles.

Berisso, con un tejido comercial fuertemente dependiente del salario vecinal y una estructura que arrastra los efectos del parate en la obra pública y la informalidad laboral, experimenta de manera más directa y cruda el freno de la economía doméstica. Si bien los últimos indicadores del INDEC para el aglomerado regional mostraron una leve baja técnica en la tasa de desocupación —que se ubicó en el 7,8%—, el reverso de la moneda expone que la calidad del empleo se ha resentido, incrementando el cuentapropismo y el trabajo informal. Para el comerciante local, este combo de factores se traduce en menos clientes cruzando la puerta y en el desafío diario de mantener las luces encendidas a la espera de un cambio de tendencia que devuelva el oxígeno al mostrador.

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