Mientras los indicadores macroeconómicos del Gobierno intentan mostrar señales de estabilización, las mesas de los hogares argentinos cuentan una historia diferente. Según los datos más recientes del Banco Central y consultoras privadas, el endeudamiento de las familias ha alcanzado niveles que no se veían en más de una década, transformando el consumo básico en una ingeniería financiera de supervivencia.
El dato es escalofriante: al cierre de 2025, la deuda total de los hogares frente a bancos y billeteras virtuales alcanzó el 140% de sus ingresos mensuales. Esto significa que, si una familia decidiera cancelar todas sus deudas hoy, debería destinar casi un sueldo y medio completo, dejando a cero su capacidad de compra de alimentos o pago de servicios.
Lo más alarmante es el desplazamiento del crédito. Ante el endurecimiento de los requisitos bancarios, las familias se han volcado masivamente a las fintech y billeteras virtuales, donde las tasas de interés suelen ser asfixiantes. Hoy, un tercio de los ingresos familiares se destina exclusivamente a cubrir saldos en estas plataformas.
La capacidad de pago ha llegado a un punto de quiebre y la irregularidad presenta cifras récord, especialmente en los préstamos personales donde la mora saltó al 11%, el valor más alto desde 2010. En las entidades no bancarias, la falta de pago escala al 21,4%, triplicándose en apenas un año. Lo que antes era un atraso de treinta días, hoy se está convirtiendo en deuda incobrable; los créditos con más de un año de mora se duplicaron en los últimos doce meses, pasando del 2,6% al 6,4%.
El cambio de paradigma económico ha sido letal para el deudor promedio. Durante años, la alta inflación permitía licuar las cuotas fijas; sin embargo, con la desaceleración de la inflación y el mantenimiento de tasas de interés reales positivas, las cuotas ahora pesan más cada mes. Ya no se busca el crédito para cambiar el auto o reformar la casa; se usa para pagar el supermercado, la luz o la medicina prepaga.
El 91% de las familias argentinas tiene algún tipo de deuda, y lo más grave es que el 67% acumula tres o más obligaciones simultáneas. Es un círculo vicioso donde se pide un préstamo en una fintech para pagar el mínimo de la tarjeta, y se usa la tarjeta para estirar la compra de comida.
El Gobierno celebra una remonetización de la economía, pero el crédito privado en Argentina apenas representa el 13,6% del PBI, una cifra ínfima comparada con el promedio regional.
El problema no es solo que el crédito es escaso, sino que es de mala calidad: de muy corto plazo y extremadamente costoso. Sin una recomposición real de los salarios que supere con holgura el costo financiero, el desendeudamiento parece una utopía. El riesgo no es solo financiero, sino profundamente social, ya que una población sobreendeudada es una población con el consumo paralizado y sin horizonte de ahorro, el combustible necesario para cualquier recuperación genuina.




