Lo que debía ser una jornada de encuentro y celebración institucional para la Sociedad Italiana y la colectividad búlgara rumbo a Mar del Plata estuvo a punto de convertirse en una verdadera tragedia. La rotura de un neumático trasero en pleno trayecto, a unos 100 kilómetros de Maipú, obligó a detener la marcha de emergencia de un colectivo repleto de pasajeros.
Aunque afortunadamente no se registraron heridos, las alarmantes imágenes de las ruedas destrozadas no hicieron más que encender nuevamente las alarmas y poner en evidencia la absoluta negligencia con la que las autoridades locales manejan los recursos de la comunidad.
El vehículo implicado en el incidente no fue contratado por una firma privada con respaldo técnico, sino que fue cedido directamente por la gestión del intendente Fabián Cagliardi tras el pedido de colaboración de las entidades. Enviar a una delegación entera a viajar por rutas provinciales en un transporte en semejantes condiciones de precariedad representa una irresponsabilidad lisa y llana que roza el abandono de persona.
Este episodio no es un hecho aislado ni una simple casualidad, sino el reflejo directo del ruinoso estado del parque automotor que gestiona la intendencia. Desde hace tiempo se viene denunciando el severo deterioro, la falta de mantenimiento preventivo y las constantes irregularidades en la flota comunal, que van desde unidades de recolección obsoletas y sin la correspondiente Verificación Técnica Vehicular (VTV), hasta camionetas particulares e improvisadas operando en tareas públicas sin las mínimas condiciones de seguridad e higiene.
Resulta incomprensible cómo una administración que alardea de la prestación de servicios y el orden público continúe poniendo en circulación unidades visiblemente «detonadas». La desidia sistemática en los talleres y el corralón municipal no solo paraliza las prestaciones diarias dentro de los barrios, sino que ahora trascendió los límites territoriales, poniendo en riesgo la vida de vecinos y representantes culturales en las rutas bonaerenses.
La fortuna esta vez evitó lamentar víctimas fatales, pero la impunidad con la que el Ejecutivo local expone a la gente frente a la falta de controles elementales exige respuestas e inspecciones urgentes antes de que el deterioro vehicular provoque una desgracia irreversible.




