A poco más de un mes del trágico fallecimiento de Érica Valdez, la oficial de la Policía Bonaerense de 34 años que recibió un disparo mientras cumplía su guardia en un puesto de vigilancia sobre la avenida 60 y 128, la causa judicial sumó este miércoles revelaciones e interrogantes que podrían dar un vuelco total a la investigación.
La familia de la víctima rechaza de forma tajante la hipótesis oficial del presunto suicidio, denuncia gravísimas incongruencias en las pericias y apunta contra el manejo de la escena, la falta de seguridad en las condiciones de trabajo y el abandono de las autoridades.
Este miércoles, su padre Luis Valdez, acompañado por sus sobrinas y su nieto, estuvo presente en los estudios de Radio Sur para participar del programa Infoberisso Radio. Con el dolor a cuestas por la pérdida de su hija, el hombre expuso las «serias dudas» que tienen sobre el expediente y cargó duramente contra los tiempos de la justicia para esclarecer qué fue lo que verdaderamente ocurrió aquella jornada del 9 de abril.
«Nosotros estamos seguros que no se suicidó», manifestaron casi al unísono todos los familiares durante la entrevista radial, quebrando la versión inicial instalada en torno al caso.
A la par de los cuestionamientos judiciales, la familia hizo pública la total falta de acompañamiento institucional y político en este doloroso proceso. El padre de la oficial afirmó que ni el intendente de Berisso, Fabián Cagliardi, ni el secretario de seguridad, Gabriel Marotte, ni el Jefe de Estación de Policía se acercaron a ellos en ningún momento para brindarles apoyo o explicaciones. «No vinieron y nosotros no vamos a ir a ellos a pedir nada, llegamos hasta acá solos, si no vienen no iremos a pedir ‘la escupidera'», sentenció Luis Valdez de forma tajante.
Uno de los principales reclamos que el hombre planteó es la inacción y la llamativa lentitud del aparato judicial para llevar a cabo tres exámenes periciales que consideran indispensables para demostrar que no se trató de una autodeterminación. De acuerdo con lo expresado por la familia, la justicia arrastra demoras inaceptables para realizar la pericia de pólvora en las manos (dermotest), la prueba de caligrafía sobre una supuesta carta de despedida que habría dejado la mujer, y el peritaje técnico sobre su teléfono celular. Estos retrasos, aseguran, atentan contra el esclarecimiento del hecho.
Durante el desgarrador relato en Infoberisso Radio, Luis Valdez aportó detalles cruciales que contradicen la línea investigativa actual. El padre de la oficial reveló la existencia de una testigo directa: una mujer que circulaba en bicicleta por la avenida 60, frente a las cercanías de la destilería de YPF, y que se convirtió en la primera persona en asistir a Érica tras el disparo.
«Hay una testigo, una mujer que fue quien la asistió primero, que pasaba por el lugar en bicicleta y declaró que mí hija pidió ayuda. ¿Cómo se va a suicidar y pedir ayuda?…», se preguntó el hombre con indignación. Pero el testimonio de la ciclista no termina ahí. Según relató Valdez, su hija llegó a hablarle antes de perder el conocimiento: «Además, la mujer contó que mí hija le dijo ‘me dispararon’, para luego pedirle que ‘module’ para pedir ayuda». Posteriormente, un patrullero con dos policías arribó al módulo de vigilancia y trasladó de urgencia a la oficial herida hacia el Hospital Larrain de Berisso.
Al respecto, el padre lanzó otro dato inquietante: «Ninguna de las tres vio la carta que dicen que hay, pero que nunca vimos ni leímos nosotros».
A todo este escenario se suman las sospechas técnicas sobre el cuerpo. La familia remarcó un detalle físico clave: el disparo entró por un lado del cuerpo de la víctima, una mecánica de trayectoria sumamente inusual y extraña para una situación de presunto suicidio.
En el mismo contexto de la entrevista, una de las sobrinas de la oficial fallecida tomó la palabra para señalar severas incongruencias técnicas entre los informes preliminares de la autopsia y lo que la propia familia constató en el centro de salud. «No sabemos a qué hora murió. La pericia dice a las 20:25, pero a esa hora mí papá (hermano de la oficial) llegaba al hospital y le dijeron que la estaban operando», apuntó la joven, exponiendo un desajuste temporal insalvable.
A esto sumó otra contradicción de vital importancia sobre la trayectoria del proyectil: «La pericia dice que la bala tiene orificio de entrada y salida, mientras que en el hospital nos dijeron que la bala estaba alojada detrás de un riñón».
Todas estas contradicciones físicas y médicas ponen un manto de sospecha inmediato sobre la carátula de la causa y el accionar general en la escena del hecho.
A estas dudas se le sumaron testimonios del propio entorno policial de la región. Otros efectivos de la fuerza, quienes prefirieron resguardar estrictamente sus identidades por temor a sufrir represalias o persecución laboral, señalaron a este medio que resulta sumamente extraño e irregular que una oficial con su cargo y jerarquía estuviera realizando una guardia completamente sola en un puesto que, para colmo, carece de cámaras de seguridad que registren lo sucedido.
Destrozados pero firmes, los familiares de Érica Valdez exigen formalmente un cambio de carátula judicial para que se investigue bajo el protocolo de homicidio.
Para avanzar y romper el pacto de silencio, la familia pide desesperadamente justicia y hace un llamado público para que se presenten nuevos testigos que puedan aportar información sobre lo que verdaderamente pasó en la avenida 60.




