En un contexto socioeconómico sumamente complejo, donde los vecinos de Berisso reclaman a diario por la falta de obras básicas, el deterioro de los servicios públicos, la falta de insumos en Unidades Sanitarias y salarios municipales reducidos, la conducción del Municipio parece marchar en dirección totalmente opuesta a las necesidades de la comunidad. La administración de Fabián Cagliardi enfrenta hoy duras críticas por el sobredimensionamiento de su planta de funcionarios, un problema estructural que no solo asfixia las arcas locales, sino que expone una marcada contradicción entre la retórica política y la gestión de gobierno.





Durante su etapa de campaña y en los primeros compases de su mandato, Cagliardi construyó un discurso enfocado en la austeridad y en el cuestionamiento severo a la gestión de su antecesor, Jorge Nedela. El actual jefe comunal denunció reiteradamente en medios locales y plataformas como el portal InfoBerisso el «pesado costo político» que representaba el organigrama de Nedela, criticando la multiplicación de coordinaciones, direcciones y asesorías que sobrecargaban el presupuesto comunal y que por ese entonces rondaban los 50 funcionarios.
En aquel entonces, Cagliardi aseguraba públicamente que su gestión erradicaría los cargos innecesarios y se comprometía a gobernar con un gabinete reducido y eficiente, argumentando que una estructura austera de apenas unas pocas decenas de colaboradores bastaría para ordenar el distrito sin dilapidar los recursos de los contribuyentes.
Sin embargo, los documentos oficiales salidos del propio despacho municipal demuestran que las promesas de austeridad quedaron archivadas en un cajón. Ante un pedido de informe impulsado desde el Honorable Concejo Deliberante (HCD) de Berisso, el propio Ejecutivo debió responder formalmente mediante el Expediente N° 4090-90-2026 con el detalle exacto de su nómina de autoridades. Los números emitidos por el Municipio confirman las sospechas de la oposición y de la ciudadanía: lejos de achicarse, la jerarquía política se ha expandido notablemente.
La documentación oficial remitida al Concejo Deliberante revela la existencia de 10 Secretarios municipales, 2 Subsecretarios, 30 Directores y una llamativa tropa de 43 Coordinadores repartidos en distintas categorías y escalafones que van desde la A hasta la G, incluyendo además algunos cargos ad honorem y sin contar el suyo (intendente) los 20 concejales, el secretario del Concejo y otros que supuestamente aparecen omitidos. En total, la contestación firmada por las autoridades comunales ratifica que la conducción del Municipio sostiene casi cien cargos jerárquicos y puestos políticos de decisión, una cifra que pulveriza cualquier relato de austeridad fiscal y supera holgadamente los parámetros que el propio intendente criticaba cuando ocupaba el rol de opositor.
El impacto presupuestario de sostener una estructura de cien funcionarios no es un mero debate abstracto sobre el tamaño del Estado: representa un drenaje millonario y constante de fondos públicos que se restan de las partidas destinadas a seguridad, infraestructura vial, salud comunitaria y remuneraciones del personal de planta permanente. Mientras desde la intendencia se justifica habitualmente la falta de recursos para responder a demandas urbanas elementales con la frase «no hay plata», el flujo de fondos destinados a cubrir sueldos de la alta política municipal no parece sufrir contratiempos. Esta brecha entre el discurso de austeridad empeñado ante los medios y la realidad administrativa ratificada por el HCD deja al descubierto una gestión que reprodujo y profundizó las mismas prácticas burocráticas que alguna vez prometió desterrar.




