Lo que comenzó como una tendencia viral convocada por redes sociales terminó en un severo reto institucional. En las últimas horas, se volvió de público conocimiento un video registrado en el patio de la Escuela de la Base Aérea de El Palomar, donde un profesor debió utilizar un megáfono para increpar a un numeroso grupo de estudiantes que se habían agrupado durante el recreo para realizar una práctica juvenil conocida en el ámbito digital como «farmear aura».

Visiblemente molesto por la situación, el docente irrumpió en el patio y dispersó la ronda frente a la mirada atónita de los presentes. Con firmeza y a los gritos, les dejó en claro que no permitiría esa actitud y que pocas veces lo veían tan enojado, expresando que no se les ocurriera volver a hacerlo. En su descargo, recriminó que la escuela no merecía un alumnado que se dedicara a esas acciones y cuestionó la iniciativa que habían organizado previamente a través de plataformas digitales, señalando que lo que pretendían hacer no representaba los valores que se enseñaban en el establecimiento y que esas actividades pertenecían a otro ámbito. Antes de finalizar, manifestó su profunda desilusión al remarcar que sentía vergüenza por el comportamiento del alumnado, del mismo modo en que en otras oportunidades solía expresarles su orgullo.

El episodio dejó al descubierto el impacto del fenómeno «farmear aura», una expresión propia de la jerga de las redes sociales impulsada por las nuevas generaciones. El concepto de «aura» se utiliza para calificar la actitud, el carisma o la compostura de una persona, mientras que la palabra «farmear» proviene del vocabulario de los videojuegos y hace referencia a la acumulación de puntos o recursos mediante acciones reiteradas. De este modo, «farmear aura» consiste en realizar caminatas, batallas, poses o gestos estudiados frente a cámaras o en espacios públicos con el fin de proyectar una imagen atrayente, ganar reputación o acumular interacciones en internet.

El hecho desató un intenso debate entre los usuarios de internet. Mientras un sector respaldó el accionar del profesor argumentando la importancia de mantener la disciplina, el respeto y los límites dentro del ámbito escolar, otros consideraron que la reacción y el uso del megáfono resultaron desmedidos frente a lo que interpretaban como un juego inofensivo entre adolescentes durante su tiempo libre.

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