El fútbol, en su estado más puro y dramático, volvió a demostrar por qué es el deporte más hermoso del planeta. En una noche calurosa de Atlanta que quedará grabada a fuego en las páginas doradas de los Mundiales, la Selección Argentina revirtió un partido imposible, venció 2-1 a Inglaterra con dos goles agónicos en siete minutos, y sacó pasaje directo a la final del domingo ante España.
El Mercedes-Benz Stadium fue testigo de una batalla táctica de dientes apretados, donde el nerviosismo se apoderó de ambos bandos en una primera mitad rigurosa que vio amonestados a Lisandro Martínez por el lado argentino y a Elliot Anderson por el británico.
En el complemento, el baldazo de agua fría llegó a los 55 minutos, cuando Anthony Gordon capitalizó un avance letal para los dirigidos por Thomas Tuchel y puso el 1-0 que hacía tambalear el sueño del bicampeonato albiceleste. A partir de allí, Inglaterra se abroqueló atrás y Jordan Pickford parecía transformarse en una muralla inexpugnable, ahogando los gritos argentinos una y otra vez mientras los postes del arco inglés sonaban como campanas de alerta.
Cuando el reloj apretaba, el alma se salía del cuerpo y la desesperación parecía reinar, apareció el de siempre. Lionel Messi, en su primer enfrentamiento histórico contra Inglaterra en Copas del Mundo, frotó la lámpara cuando más quemaba la pelota.
A los 85 minutos, el capitán divisó a Enzo Fernández en la frontal del área, y el mediocampista del Chelsea sacó un remate majestuoso, inalcanzable para Pickford, desatando el delirio y la fe en las tribunas con el gol del empate. Apenas siete minutos después, en el tiempo de descuento, la mística del campeón volvió a hacerse presente. Messi lanzó un centro quirúrgico que encontró la cabeza de un gladiador: Lautaro Martínez metió un frentazo demoledor a quemarropa para marcar el dos a uno definitivo y desatar la locura colectiva.
Con esta victoria mística, la Scaloneta no solo revalida su paternidad en los momentos límite, sino que se cita con la historia. El próximo domingo 19 de julio, en el MetLife Stadium de Nueva York / Nueva Jersey, Argentina se medirá ante España para defender la corona mundial en la que será la última función de Lionel Messi en una Copa del Mundo. Como había advertido el Cuti Romero en la previa, «parece que no podemos ganar sin sufrir»; y es que el sufrimiento es parte del ADN argentino, pero la recompensa, una vez más, roza la inmortalidad.




