La llegada de las bajas temperaturas invernales desnudó una profunda crisis estructural en el sistema de salud pública local, donde la saturación de las guardias externas y la escasez de insumos médicos críticos ponen en jaque la atención de los más chicos. Durante las últimas semanas, las consultas en el Hospital de Berisso experimentaron un incremento exponencial, motivado por la combinación de las habituales patologías respiratorias de la época y un agresivo brote de infecciones virales eruptivas, entre las que destaca la enfermedad de mano, pie y boca.
Esta patología exantemática, altamente contagiosa y causada por el virus Coxsackie, comenzó a propagarse de manera veloz en jardines de infantes y escuelas de la región, manifestándose con fiebre, llagas dolorosas en la boca y sarpullido en extremidades, lo que derivó en un aluvión de familias desesperadas en busca de un diagnóstico.
El principal cuello de botella radica en la crítica escasez de médicos pediatras, un problema crónico que afecta a toda la provincia de Buenos Aires pero que en la periferia se siente con dramatismo. La falta de profesionales provocó el vaciamiento de los planteles médicos en la mayoría de las unidades sanitarias distribuidas por los barrios de Berisso, obligando al cierre de los consultorios de atención primaria infantil en zonas periféricas.
Sin un cordón sanitario de contención en los barrios, la demanda se concentró de forma directa en la guardia central del hospital local, que se encuentra desbordada, registrando tiempos de espera que superan holgadamente las cuatro horas para patologías no urgentes y una sobrepoblación de pacientes en salas comunes que desvela al personal de salud remanente.
A este complejo panorama asistencial se le suma un obstáculo económico insalvable para cientos de familias de la región: el encarecimiento desmedido de los medicamentos de uso corriente. En las farmacias locales, los antifebriles clásicos en jarabe como el ibuprofeno y el paracetamol sufrieron remarcaciones severas, mientras que los antibióticos indispensables para combatir complicaciones bacterianas secundarias, como la amoxicilina o la amoxicilina con ácido clavulánico, se volvieron prohibitivos para los sectores de menores recursos, sumándose a la misma escalada los broncodilatadores como el salbutamol en aerosol, vital para los cuadros de bronquiolitis y asma infantil.
Ante la consulta en los mostradores, se constata una dolorosa realidad diaria donde los padres se ven obligados a fraccionar la compra de los tratamientos o retirarse con las manos vacías por la absoluta imposibilidad material de costearlos.
La respuesta estatal agrava las deficiencias del escenario. La histórica red de contención pública que representaba la entrega gratuita de medicamentos esenciales en los centros de salud se encuentra virtualmente desarticulada, con graves faltantes en los botiquines oficiales debido a los recortes y retrasos en la provisión de insumos por parte de las carteras sanitarias nacional.
Sin pediatras en las salitas periféricas, con la guardia del hospital colapsada y un fuerte bache en el suministro estatal de remedios básicos, la salud de la niñez en Berisso atraviesa horas críticas, sostenida únicamente por el esfuerzo del personal de guardia en un sistema que trabaja al límite de sus capacidades.



