El sesgo ideológico y la crueldad presupuestaria del gobierno de Javier Milei han encontrado su expresión más dramática y destructiva en el área de la Salud Pública. Detrás del discurso del déficit cero y la desregulación económica, la administración libertaria desmanteló los programas esenciales de asistencia estatal, convirtiendo el acceso a medicamentos de alto costo en una carrera contra el tiempo donde el mercado decide quién vive y quién muere.
La paralización de la Dirección de Asistencia Directa por Situaciones Especiales, organismo clave para la provisión de drogas a pacientes sin cobertura médica o con enfermedades poco frecuentes, representa un abandono deliberado de las funciones más elementales del Estado. Esta interrupción en la cadena de suministros afecta de manera crítica a centros de referencia como el Instituto Ángel H. Roffo, donde la apertura de nuevas historias clínicas cayó abruptamente de treinta a solo cinco por día, evidenciando el colapso en la atención y la desesperación de miles de personas.
Los testimonios exponen la brutalidad de este modelo, donde tratamientos oncológicos valuados en más de diez millones de pesos mensuales quedan fuera del alcance de la población golpeada por el desempleo y la pérdida de ingresos. Frente a la negativa de entrega y las dilataciones en la gestión oficial, la única vía restante es la presentación de recursos de amparo judicial, una alternativa burocrática y costosa que impone una barrera económica insostenible para las familias de menores recursos.
Bajo la conducción del ministro Mario Lugones, la política sanitaria actual consolidó una lógica mercantilista que transforma el derecho a la salud en un privilegio inaccesible. La discontinuidad de las terapias, el rechazo de prescripciones aprobadas por las autoridades regulatorias y la falta de garantías en la provisión de la medicación idónea dibujan un escenario trágico donde los enfermos graves pagan con su vida el costo del ajuste fiscal de La Libertad Avanza.




