La alarmante situación que atraviesa la salud mental en Berisso quedó brutalmente al desnudo durante los últimos días, evidenciando una crisis estructural que las autoridades locales y provinciales parecen ignorar olímpicamente mientras se multiplican las tragedias silenciosas en los barrios. La advertencia provino directamente del ámbito oficial a través del Coordinador de Culto, Mauricio Giménez, quien hizo pública una cifra escalofriante en sus redes sociales: solamente durante el último fin de semana se registraron cuatro intentos de suicidio en la ciudad, un saldo desesperante que expone la absoluta vulnerabilidad de los vecinos ante la falta de contención estatal.

Lejos de tratarse de un hecho aislado, esta emergencia cotidiana choca de frente con la fría realidad de los despachos políticos y las promesas de campaña incumplidas. Tras mantener un encuentro con el área de salud para evaluar el panorama, las respuestas oficiales brillan por su ausencia y contrastan fuertemente con los millonarios anuncios presupuestarios que se publicitaron oportunamente. Con una inversión oficial provincial que superó los 116 millones de pesos destinados a la construcción de un flamante Centro Comunitario de Salud Mental (CCSM), la infraestructura moderna contrasta cruelmente con el vaciamiento humano que padecen los efectores sanitarios locales.

Mientras los edificios se inauguran con bombos y platillos, la realidad cotidiana de los consultorios públicos demuestra una escandalosa escasez de profesionales especializados, escaseando de manera dramática tanto psicólogos como psiquiatras que puedan dar respuesta a la demanda creciente. Los vecinos que intentan acceder a una atención psicológica o psiquiátrica gratuita se enfrentan a paredes institucionales vacías, listas de espera interminables y una desidia crónica que deja a la deriva a jóvenes y adultos en momentos de extrema desesperación emocional.

La falta de recursos humanos y de una red de prevención efectiva transforma los anuncios rimbombantes en meras cáscaras vacías, mientras la comunidad de Berisso paga con vidas humanas las consecuencias de una gestión sanitaria que prioriza las fotos inaugurales por sobre la urgencia y el cuidado real de la salud mental de su población.

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