Un nuevo hecho de inseguridad sacude a los trabajadores del volante en la región. Durante la última noche, en la intersección de las calles 40 y 126, un chofer de la unidad 144 de Berisso fue víctima de un violento ataque armado mientras cumplía con su jornada laboral.

Las imágenes del vehículo resultan escalofriantes: un impacto de bala perforó la chapa exterior y atravesó el panel interior de la puerta, a escasos centímetros del conductor.

Lo que comenzó como una situación de peligro extremo derivó en una profunda indignación debido a la nula respuesta oficial. Según denunciaron sus propios compañeros, tras el ataque el patrullero nunca llegó al lugar de los hechos.

Ante la desprotección y el temor de un nuevo ataque, el taxista debió retirarse de la zona por sus propios medios, conduciendo herido en su seguridad hasta la zona de 1 y 60.

El episodio reavivó un fuerte malestar en el sector, donde los trabajadores aseguran sentirse en un estado de abandono total. El reclamo apunta directamente a la ineficiencia de los sistemas actuales de seguridad y a la falta de recursos policiales en las calles.

Los choferes sostienen que, ante la escasez de móviles —asegurando que hay apenas un puñado para cubrir múltiples delitos simultáneos—, las prioridades de despacho nunca los favorecen, dejándolos a merced de la delincuencia.

Existe, además, una crítica nostálgica hacia los métodos de comunicación del pasado. Los trabajadores coinciden en que la tecnología moderna los ha dejado más aislados que el viejo sistema de radiofrecuencia, el cual les permitía alertarse entre ellos y socorrerse mutuamente de forma inmediata.

«Antes nos salvábamos entre nosotros, hoy estamos al horno», sentenciaron con amargura, reflejando una realidad donde la «tecnología» no se traduce en patrulleros en la esquina ni en una respuesta rápida ante una emergencia de vida o muerte.

«Para cobrar todos los meses y para poner multas el municipio está al día, pero para darnos seguridad no aparece nadie» razonaron amargamente

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