Lo que nació como una promesa de progreso y educación para las familias de Berisso se ha transformado, con el paso del tiempo, en un monumento a la desidia. El proyecto del nuevo jardín de infantes en el Barrio Obrero comenzó a ejecutarse en 2021, de manera simultánea y con características arquitectónicas similares al Jardín 917 de Villa Zula. Sin embargo, mientras que la institución de Villa Zula logró finalizarse e inaugurarse con éxito, la obra del Barrio Obrero fue abruptamente abandonada, quedando hoy reducida a una estructura rodeada de yuyales donde el vandalismo y los robos han diezmado lo poco que se había logrado avanzar.
Según los registros oficiales del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, la inversión destinada a estas obras en el año 2021 ascendía a los 135 millones de pesos. A pesar del monto presupuestado y la relevancia social del proyecto, la transparencia informativa parece haber seguido el mismo destino que los ladrillos: la página oficial de la Municipalidad de Berisso borró todas las menciones y registros fotográficos que daban cuenta de la construcción.

Esta «limpieza» digital deja a los vecinos sin un canal oficial donde reclamar por un edificio que debería estar lleno de niños y hoy solo muestra ruinas.
La indignación de la comunidad aumentó hace apenas un mes, cuando el municipio, a través de una empresa contratista, construyó una cancha de básquet justo al lado de la obra abandonada.
Para los vecinos, resulta incomprensible que se destinen recursos a áreas recreativas linderas mientras el jardín sigue paralizado. Ante este escenario, las preguntas se multiplican sin obtener respuesta: ¿Qué destino tuvo el dinero originalmente asignado? ¿Existe algún plan real para retomar la obra?
Hasta el momento, el intendente Fabián Cagliardi ha mantenido un estricto silencio sobre este asunto, dejando a las familias del Barrio Obrero esperando una explicación que aclare por qué su derecho a la educación inicial quedó sepultado bajo la maleza.




