La comunidad médica dedicada a la cardiología infantil se encuentra en estado de alerta tras conocerse el fin del Centro Coordinador de Derivaciones, una pieza fundamental del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas.

A través de una carta dirigida a sus colegas, la doctora Alejandra Villa expresó su profunda preocupación por lo que considera un «punto de quiebre» en un modelo de atención que llevó años construir y que ha sido puesto como ejemplo por organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El programa, que se basa en la Ley 27.713, logró en los últimos quince años reducir significativamente la mortalidad infantil en Argentina. Su éxito radicó en la creación de una red federal y equitativa que permitía a niños de todo el país acceder a cirugías y tratamientos de alta complejidad mediante protocolos unificados.

Según el comunicado, este sistema no solo ordenó el gasto sanitario, sino que permitió la formación de recursos humanos especializados y, fundamentalmente, la integración social de miles de pacientes que hoy son adultos sanos.

La denuncia central apunta a que, si bien la ley sigue vigente, el programa pierde su esencia operativa al desaparecer el centro médico coordinador. Este ente, integrado por cardiólogos de diversos hospitales, era el encargado de analizar casos clínicos, asesorar a centros referentes y garantizar que cada derivación fuera oportuna.

La nueva dirección administrativa parece orientarse hacia una recentralización de la atención en pocos centros, desplazando a especialistas con vasta experiencia y rompiendo el esquema federal que garantizaba el tratamiento cerca del hogar del paciente.

Profesionales del sector advierten que este retroceso responde a intereses ajenos al bienestar sanitario y pone en riesgo los logros técnicos y humanos alcanzados. La misiva concluye con un llamado urgente a los equipos de salud de todas las provincias a defender la esencia del programa, subrayando que no se trata de una disputa por cargos o estructuras, sino de la supervivencia de un modelo de Estado que ha demostrado, con resultados contundentes, que el trabajo en red salva vidas.

Aquí la carta de la doctora Villa

Estimados colegas:

Les escribo estas líneas con profunda preocupación y tristeza para contarles que el Centro Coordinador de Derivaciones, tal como lo conocimos y defendimos durante años, ha dejado de existir. Esta información, que a algunos les habrá llegado por redes u otros canales informales, marca un punto de quiebre en un proceso que costó años construir.

Este Programa nació con un objetivo claro y noble: mejorar la atención de los niños con cardiopatías congénitas. A lo largo del tiempo se consolidó una verdadera red nacional, federal, basada en protocolos de atención y derivación, criterios quirúrgicos y una organización económica que permitió equidad y acceso. No fue improvisación: fue planificación, trabajo y compromiso.

Gracias a este modelo se redujo la mortalidad infantil, se ordenó el sistema, se fortaleció el trabajo en red y se formaron recursos humanos en cardiología, cirugía cardiovascular, enfermería y diagnóstico. Los resultados fueron contundentes y sostenidos en el tiempo. Tanto así, que este Programa se transformó en un modelo para otros países y fue presentado como ejemplo por organismos internacionales como el BID.

Pero por sobre todos los logros técnicos y estadísticos, el mayor éxito fue humano: niños que sobrevivieron, crecieron y hoy están integrados plenamente a la sociedad. Algunos son estudiantes universitarios, otros adultos productivos. Esa es la verdadera medida del impacto de este Programa.

Nada de esto fue casual. El éxito se apoyó en múltiples pilares y en una visión de política de Estado, inspirada en modelos de países desarrollados como Canadá, Gran Bretaña y Francia. Durante más de quince años, quienes formaron parte del Programa trabajaron con una dedicación admirable, muchas veces con remuneración mínima o inexistente, sostenidos únicamente por el compromiso con los pacientes.

Hoy, decisiones motivadas por intereses ajenos al bienestar sanitario nos hacen retroceder años. Volviendo a una re-centralización de la atención probablemente en uno o dos centros, se desplaza a cardiólogos infantiles con experiencia, y se desmantela un modelo federal para volver a uno centralizado, con consecuencias previsibles ya conocidas y pérdida de equidad.

El esfuerzo realizado ha sido enorme. Cardiólogos, cirujanos y equipos de salud trabajaron incansablemente para garantizar una atención justa y de calidad, acompañados por grandes maestros que guiaron y sostuvieron este proceso.

Si bien el programa no está cerrando, ya que para eso habría que derogar la ley 27.713 ( que lo creó, con su RED de atención con centros habilitados), perderá su esencia sin un Centro médico coordinador con cardiólogos de distintos hospitales que pueda analizar los casos, asesorar a los centros referentes y una derivación y tratamiento oportuno . Esto constituye un grave retroceso para la salud pública. Fue concebido sin colores políticos ni banderas partidarias. La única bandera siempre fue —y debe seguir siendo— brindar atención oportuna, de calidad, con los mejores resultados posibles y lo más cerca del hogar de cada paciente.

No se trata de estructuras ni de cargos: se trata de personas, de familias y de un modelo que demostró que cuando el Estado y los equipos de salud trabajan en red, los resultados salvan vidas.

Este es un logro construido colectivamente. Defenderlo no es una opción: es una responsabilidad, los aliento que cada uno desde su posición, su centro y provincia defiendan la esencia del programa.

Un gran Abrazo

Alejandra Villa

PD: pueden compartir el pensamiento con quien creen que suma

Gracias

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