La recolección de residuos en Berisso se ha transformado en un laberinto sin salida para los vecinos, quienes ven con indignación cómo una de las prestaciones básicas del municipio se deteriora día tras día.

A pesar del paso del tiempo y de las promesas de renovación, la situación actual guarda una similitud alarmante con las deficiencias registradas durante la gestión del exintendente Jorge Nedela. A seis años de aquel período, los frentistas sostienen que nada ha mejorado y que el servicio atraviesa un estancamiento crónico que afecta la higiene urbana y la salud pública de todos los barrios.

El núcleo del conflicto, lejos de ser una percepción subjetiva de los ciudadanos, fue ratificado por las propias autoridades locales. El Director de Servicios Públicos del municipio reconoció recientemente que la problemática principal radica en el estado del parque automotor.

Según el funcionario, la ciudad cuenta con una cantidad «justa» de camiones compactadores y cuando uno sufre una rotura (lo que pasa con frecuencia) eso impide sostener un cronograma de recorridos eficiente.

Esta falta de inversión en maquinaria pesada ha generado un cuello de botella donde la voluntad de los trabajadores choca contra la realidad de motores fundidos y sistemas hidráulicos obsoletos.

A lo largo de estos últimos seis años, no se ha registrado una ampliación significativa de la flota que permita cubrir la creciente demanda de una ciudad en expansión. Los vecinos de zonas periféricas y del centro coinciden en que los canastos rebalsan durante días, generando microbasurales en las esquinas que atraen alimañas y obstruyen los desagües pluviales.

La falta de unidades de repuesto o de un plan de contingencia sólido hace que, ante cualquier desperfecto técnico de un camión, barrios enteros queden sin servicio por tiempo indeterminado, repitiendo un ciclo de abandono que parece haberse vuelto parte del paisaje cotidiano de Berisso.

La comparación con la gestión anterior es inevitable para los habitantes de la ciudad, quienes esperaban un cambio de rumbo que nunca llegó. La ausencia de nuevas unidades y el mantenimiento precario de las existentes exponen una gestión de servicios públicos que se encuentra en un estado de emergencia permanente.

Mientras las tasas municipales continúan llegando a los hogares con jugosos aumentos, la respuesta oficial se limita a reconocer el déficit de camiones, dejando a la comunidad a la espera de una solución de fondo que logre, finalmente, retirar de las calles una problemática que ya lleva más de un lustro estancada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *