En un escenario de profunda incertidumbre y caída persistente del consumo, el ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a apelar al optimismo extremo durante su intervención en el AmCham Summit 2026.

Ante el círculo rojo empresarial, el funcionario aseguró que la Argentina está a las puertas de un «proceso virtuoso» y lanzó una sentencia que suena más a una apuesta que a una proyección técnica: los próximos 18 meses serán «los mejores que el país haya visto en décadas».

Sin embargo, detrás del tono triunfalista de Caputo, subyace una explicación técnica que intenta justificar la volatilidad de los precios recientes. El ministro atribuyó el último repunte inflacionario a la caída de la demanda de dinero heredada del período electoral, un argumento recurrente que busca deslindar responsabilidades sobre la actual gestión y trasladarlas a la inercia monetaria previa.

Según su visión, la «purga» de este fenómeno está llegando a su fin, lo que permitiría ver una desaceleración «importante» a partir de este mes de abril.

El discurso del ministro en el foro de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina se centró en la «previsibilidad» como el gran logro de la gestión Milei. No obstante, sus palabras chocaron de frente con la cautela de los grandes jugadores del mercado. Incluso Jamie Dimon, CEO de JP Morgan, puso un manto de duda sobre la euforia oficial al distanciarse de las proyecciones del ministro, reflejando que el mundo financiero aún espera señales de sostenibilidad que vayan más allá de los discursos políticos.

Mientras Caputo sostiene que la inflación tiene «certificado de defunción» y elogia la figura del presidente Javier Milei como un imán para las inversiones, la realidad de los sectores medios y populares sigue marcada por tasas de interés que, aunque en descenso, apenas logran compensar la pérdida del poder adquisitivo.

El optimismo del Palacio de Hacienda parece apoyarse en una estabilización microfinanciera que todavía no se traduce en un alivio tangible para la economía real.

En definitiva, Caputo ha fijado una vara altísima para los meses venideros. Al prometer el mejor ciclo económico en décadas, el ministro no solo busca calmar las expectativas devaluatorias y atraer capitales, sino que también se encierra en una narrativa donde ya no hay margen para el error.

Si la recuperación económica y la desinflación prometida para abril no se materializan con la fuerza anunciada, el «ataque de admiración» que el ministro percibe en el mundo podría transformarse rápidamente en una nueva crisis de confianza.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *