Una imagen vale más que mil discursos oficiales, y la postal ocurrida este sábado en la calle 30, entre 176 y 177, resume sin filtro el estado de desamparo en el que viven cientos de berissenses. Un camión de gran porte quedó severamente encajado en una arteria de tierra desfondada, transformándose en el enésimo monumento a la falta de infraestructura básica en los barrios de Berisso.

El episodio no fue un accidente aislado ni un imprevisto, es la consecuencia directa del abandono crónico. Las imágenes difundidas por la comunidad muestran un trazado completamente intransitable, dominado por huellas profundas, cráteres e insalubres acumulaciones de barro. Retirar el vehículo demandó maniobras complejas y el auxilio de otra unidad pesada, movilizando a un vecindario agobiado que debió pausar su jornada para asistir una crisis predecible.

Mientras las autoridades comunales priorizan agendas mediáticas, anuncios abstractos y actos políticos de envergadura, el día a día en los barrios periféricos evidencia una realidad paralela. Para los vecinos de la zona de 30 entre 176 y 177, el simple hecho de ingresar o salir de sus viviendas, esperar un servicio de emergencia o aguardar el paso del transporte público se ha convertido en una odisea cotidiana.

El reclamo vecinal no es nuevo ni responde a exigencias suntuosas: exigen lo elemental, garantizar la transitabilidad mínima de las calles. La repetición constante de estos incidentes expone la ausencia de un plan integral de mantenimiento vial y perfilado de calzadas de tierra, dejando en evidencia que, cuando el barro se junta con la desidia, la vida de los berissenses se queda, literalmente, estancada.

La comunidad ya no pide promesas a futuro; exige respuestas inmediatas y máquinas en territorio antes de que la próxima lluvia vuelva a aislar a los barrios.

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