La caída definitiva de SanCor, un emblema de la industria nacional que hoy se encuentra al borde del cierre, no es solo el resultado de una crisis financiera prolongada, sino el reflejo de la alarmante desidia y el abandono por parte del Gobierno Nacional.

Mientras el país observa cómo se desmorona una cooperativa histórica que fue orgullo de la lechería argentina, la gestión central se desentiende del impacto social y económico, dejando a la deriva a miles de trabajadores y productores que hoy enfrentan la quiebra en la más absoluta soledad.

El fallo de la Justicia de Rafaela, que dispone la quiebra ante una deuda de 120 millones de dólares y ocho meses de salarios impagos, expone la falta de una política industrial seria que proteja a los motores productivos del interior.

Mientras la administración de Javier Milei se jacta de un ajuste fiscal implacable y de una «motosierra» que solo parece destruir empleos, la realidad en las plantas de SanCor es de agonía: familias enteras sin sustento y un pasivo asfixiante que el Estado decidió ignorar.

El contraste es brutal; mientras el Gobierno Nacional se retira de sus funciones básicas de fomento y contención, son las provincias las que deben salir a paliar el desastre, como se observa en Santa Fe, donde la gestión local debe utilizar fondos propios para reactivar viviendas paralizadas por el recorte de Nación.

La desaparición de SanCor representa la capitulación del Estado frente a la desindustrialización. El Gobierno ha permitido que el gigante lácteo caiga en la insolvencia generalizada sin proponer una salida estratégica que preserve el empleo y el mercado interno, priorizando una visión de mercado fría que no contempla las consecuencias humanas.

Esta quiebra no es un hecho aislado, sino un capítulo más de un modelo económico que asfixia a la producción regional y deja a los trabajadores como el último eslabón de una cadena de ajustes. El fin de SanCor quedará marcado como el símbolo de una gestión que prefirió mirar hacia otro lado mientras la estructura productiva del país se hacía pedazos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *