«Por si me termina de matar». Con esa frase demoledora comienza el descargo de una vecina de nuestra ciudad, quien decidió romper el silencio y contactarse con este medio tras ser víctima de una violenta agresión por parte de su expareja.

El acusado, identificado como AA, es miembro del Sindicato de Trabajadores Municipales y paradójicamente, desempeña funciones en el área de seguridad del Municipio.

Según el relato de la mujer, el cual también subió a sus redes sociales donde se viralizó, el «calvario» ocurrió el pasado lunes. Según el relato de la víctima, AA —de quien se encuentra separada hace una década— irrumpió en su domicilio de manera violenta, ingresando con la moto andando y con el hijo de ambos a bordo del vehículo.

Luego de derribar la puerta a golpes, el hombre comenzó a propinarle golpes de puño y un cabezazo que la dejó aturdida. La violencia solo se detuvo cuando una vecina comenzó a filmar la escena; en ese momento, el agresor, según el relato de la mujer, habría comenzado a llorar, intentando responsabilizar a la mujer por su propia conducta violenta.

A varios días del ataque, las secuelas son físicas y psicológicas. La víctima reporta que no ve bien, se encuentra medicada y con tratamiento de frío por las lesiones. Su rutina diaria ha quedado totalmente desarticulada, viéndose imposibilitada de asistir a su trabajo, a la facultad o incluso de salir de su propio hogar por el miedo persistente.

La mayor indignación de la mujer y su círculo íntimo radica en la respuesta institucional, la cual consideran insuficiente y peligrosa. La Justicia dictó una medida cautelar de restricción de acercamiento de apenas 100 metros y prohibición de contacto por 60 días.

Sin embargo, la denunciante advirtió a las autoridades sobre un dato clave que fue ignorado: el hombre trabajaría monitoreando las cámaras de seguridad de Berisso, lo que le permitiría vigilar todos sus movimientos y los de sus hijos desde su puesto laboral.

A pesar de estas advertencias, en la fiscalía le informaron que el implicado no irá preso debido a que la causa está caratulada como «lesiones leves». Tampoco se le otorgó un botón antipánico, no se amplió el perímetro de restricción ni se le tomó declaración al menor que presenció el ataque.

«Me siento devastada», concluye el mensaje enviado a este medio. La víctima decidió difundir el caso y la imagen del agresor como un último recurso de supervivencia, buscando visibilizar la desprotección que sufre ante un hombre que ostenta poder dentro del aparato municipal.

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