Con el cielo que no da tregua desde hace 48 horas, la ciudad de Berisso atraviesa una situación crítica que ha dejado al descubierto, una vez más, el deterioro estructural de sus barrios periféricos. Lo que para algunos es simplemente una jornada de mal clima, para las familias de las zonas más humildes se ha transformado en una verdadera odisea de barro, agua y desidia municipal.

Las quejas de los vecinos se han multiplicado en las últimas horas, exponiendo una realidad donde ir a la escuela o trabajar se vuelve una misión imposible.

Uno de los testimonios más desgarradores proviene de la zona de calle 148, entre 13 y 14. Una abuela de la zona relató el calvario que vivió su hija junto a su nieta pequeña, quienes intentaron llegar en bicicleta hasta la calle 11 para tomar el micro 214 y asistir a clases. «El agua llegaba a la mitad de la bicicleta, la 11 estaba toda inundada», describió con indignación. La travesía, realizada a oscuras antes del amanecer, terminó de la peor manera: tras esquivar pozos y caminar entre el barro ante la falta total de veredas, el colectivo no frenó en la parada correspondiente, obligando a los pasajeros a correr entre los charcos. Al intentar subir, el chofer cerró las puertas alegando que no había más espacio, dejando a la mujer y a la niña empapadas y sin poder asistir al colegio.

Esta situación no es un caso aislado. El malestar se extiende hacia otros puntos de la ciudad, como en la calle 3 de Abril, entre 72 y 74, donde el panorama es desolador: cañas que tapan el camino, pozos profundos y hasta un poste de luz con peligro de caída que amenaza la integridad física de quienes transitan por allí.

Los vecinos denuncian que las soluciones que brinda la gestión municipal son meros «parches» que empeoran la situación, como el vertido de tierra colorada en lugar de conchilla o asfalto, lo que con la lluvia persistente genera un lodo intransitable.

El reclamo apunta directamente a la falta de mantenimiento básico y a una planificación que, según los habitantes de los barrios, prioriza el centro mientras olvida las necesidades de los trabajadores. «Son chicos que tienen derecho a estudiar y a alimentarse, y hoy están presos en sus casas», reclamó un vecino.

A este escenario se suma la irregularidad en la recolección de residuos, que en algunas zonas llegó a estar interrumpida por once días, provocando la acumulación de basura en zanjas ya colapsadas por el agua. Con el pronóstico de que las lluvias continuarán, la desesperación crece en un Berisso que hoy parece dividido entre el cemento de unos pocos y el barro de muchos.

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