La ciudad de Berisso enfrenta una tormenta sanitaria que combina el incremento de patologías estacionales y crónicas con un sistema público que no logra dar respuesta a la demanda social.
En las últimas semanas, los centros de salud locales han reportado un aumento significativo en las consultas, impulsado no solo por cuadros virales, sino también por el impacto de las condiciones habitacionales y ambientales en los barrios más vulnerables.
Esta subida en la curva de enfermedades ocurre en un momento de extrema fragilidad, donde el hospital local y las unidades sanitarias se ven desbordados por vecinos que, ante la imposibilidad de sostener una medicina prepaga o por la falta de insumos en otras dependencias, vuelcan toda su necesidad de atención en el ámbito público municipal.
El pedido de una atención pública eficiente se ha vuelto un reclamo constante en las puertas de los establecimientos sanitarios. Los pacientes denuncian largas horas de espera para obtener un turno y una falta de especialistas que obliga a muchos a postergar diagnósticos urgentes.
La crisis del sistema no es solo de infraestructura, sino de recursos humanos y materiales, en un contexto donde la demanda de atención primaria ha crecido exponencialmente debido al deterioro de las condiciones de vida generales. Para muchos berissenses, la salud pública ha pasado de ser un derecho garantizado a convertirse en un laberinto de esperas y respuestas a medias.
A este escenario se suma el golpe letal que representa el precio de los remedios para la economía familiar. Con aumentos que en muchos casos duplican los índices de movilidad jubilatoria o los acuerdos salariales, el acceso a la medicación se ha vuelto prohibitivo. Las farmacias de la zona advierten sobre una tendencia preocupante: vecinos que llegan con recetas de tratamientos crónicos para la hipertensión o la diabetes y terminan retirando solo una parte de la medicación o consultando por alternativas de menor costo que no siempre son equivalentes.
La brecha entre el precio de los fármacos y el poder adquisitivo está empujando a los sectores más desprotegidos a abandonar tratamientos esenciales, lo que inevitablemente derivará en complicaciones de salud más graves y costosas para el sistema público en el corto plazo.
La falta de una política de contención efectiva para frenar la escalada de precios en los medicamentos, sumada a un sistema de salud que opera al límite, pone a Berisso en una situación de emergencia silenciosa. Mientras los funcionarios discuten armados políticos, la realidad en las salas de espera refleja una urgencia que no admite más demoras: una comunidad que se enferma más y que cada vez tiene menos recursos para curarse.




