Ni la magia de la fecha ni los desesperados esfuerzos de los comerciantes por ofrecer descuentos y cuotas lograron maquillar la realidad. Las ventas minoristas pymes por el Día del Niño registraron una caída interanual del 2,5% a precios constantes, confirmando que el plan económico del gobierno de Javier Milei continúa secando la plaza interna, licuando los ingresos familiares y asfixiando al sector comercial de cercanía.
El contundente diagnóstico surge del último relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), que pintó un panorama en rojo furioso: la totalidad de los cinco rubros evaluados cerró con bajas en comparación con el año pasado. Las jugueterías —el corazón indiscutido de la festividad— sufrieron el derrumbe más pronunciado, con un desplome del 4,8%, seguidas de cerca por indumentaria y accesorios (-4,1%) y calzado y marroquinería (-3,1%).
Detrás de las estadísticas oficiales se esconde la radiografía de una motosierra que no discrimina. Con un ticket promedio que apenas arañó los $45.892, la demanda respondió de manera selectiva, postergada y sumamente recortada. Los hogares argentinos, acorralados por tarifazos, la pérdida constante del poder adquisitivo frente a la inflación y la desocupación latente, debieron achicar drásticamente sus presupuestos o volcarse a alternativas de menor costo unitario.
La narrativa oficial de la «reactivación a la vuelta de la esquina» choca frontalmente con el pulso de la calle. El 81,2% de los comercios encuestados se vio obligado a implementar promociones, liquidaciones y financiamiento en cuotas (presente en más del 55% de las transacciones) para intentar salvar la jornada. Sin embargo, esta artimaña financiera funcionó apenas como un analgesico transitorio que erosionó aún más la rentabilidad de las pymes, sin lograr inyectar dinamismo en un mercado interno desértico. El malestar del sector es inocultable: más del 41% de los comerciantes reconoció que las ventas estuvieron muy por debajo de sus previsiones iniciales.
La caída en las ventas por el Día del Niño no es un fenómeno aislado ni una casualidad climática; es la consecuencia directa de una macroeconomía ordenada a fuerza de hambre, recesión inducida y transferencia de recursos a unos pocos. Mientras desde la cúspide del poder se celebran planillas de Excel y supuestos logros financieros, la economía real demuestra que el ajuste no lo iba a «pagar la casta», sino los bolsillos de los trabajadores, los jubilados y, en una escena tan triste como sintomática, el derecho elemental de los niños a recibir un juguete en su día.




