​El modelo económico implementado por la administración de Javier Milei atraviesa su fase más crítica, dejando al descubierto una marcada distancia entre las metas macroeconómicas enarboladas desde el Poder Ejecutivo y la realidad social. Detrás del pregón del superávit fiscal y la desaceleración de los índices inflacionarios se profundiza una severa recesión que destruye puestos de trabajo, deprime el consumo de la clase media y empuja a franjas cada vez más amplias de la población hacia la vulnerabilidad.

​La estrategia de la gestión libertaria se afianza en un ajuste severo, ejecutado con escasa sensibilidad social y con un fuerte impacto en el tejido productivo nacional. Sectores clave como la pequeña y mediana industria local, el comercio minorista y la obra pública experimentan un paralizamiento generalizado frente al encarecimiento del costo de vida, la quita indiscriminada de subsidios y la drástica caída del poder adquisitivo. Lejos de reactivarse mediante las prometidas desregulaciones, la actividad real sufre el repliegue del consumo interno mientras el ajuste recae desproporcionadamente sobre los sectores de ingresos fijos y, en particular, sobre los jubilados, cuyos haberes han servido sistemáticamente como variable de ancla para la consolidación de las cuentas públicas.

​Al mismo tiempo, la política de desmantelamiento del Estado pone en riesgo áreas estratégicas indispensables para el desarrollo sostenible. La reducción extrema del presupuesto destinado a la educación pública, la salud, la ciencia y la tecnología compromete el futuro de la sociedad bajo el pretexto del equilibrio financiero. Este vaciamiento institucional se combina con una dialéctica oficial abiertamente confrontativa que busca erosionar el debate democrático, deslegitimando cualquier crítica fundada proveniente del ámbito académico, político o social. La permanente apelación al dogma ideológico intenta disimular el costo del experimento en marcha, proyectando una ilusión de estabilidad que se sostiene mediante una transferencia de ingresos sin precedentes hacia los sectores concentrados de la economía y en detrimento directo de la mayoría trabajadora.

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