La crisis de las empresas recuperadas suma un capítulo alarmante en Berisso. Lejos de ofrecer un horizonte de estabilidad o reconversión productiva, la Cooperativa Textil de la ciudad confirmó que enfrentará los próximos meses bajo un esquema de déficit operativo estructural y descargará el costo de la caída de la actividad directamente sobre los ingresos de sus asociados, mediante una drástica reducción del 30% en sus retiros mensuales.

El detonante de este escenario fue el resultado de una reciente licitación pública clave para el sostenimiento de la planta. Pese a haber obtenido la adjudicación de apenas el 60% del volumen licitado —un porcentaje insuficiente para equilibrar la ecuación financiera de la firma—, la conducción encabezada por Marcelo Caljkuzic presentó la continuidad operativa como un logro de supervivencia, al tiempo que convalidó la pérdida del poder adquisitivo de los propios cooperativistas como la principal variable de ajuste.

La situación expone con crudeza el grado de vulnerabilidad al que están expuestas las empresas recuperadas de la región. La alta dependencia de las compras estatales y la incapacidad de diversificar su cartera de clientes en un contexto de contracción industrial dejan a este histórico emprendimiento emblemático sin margen de maniobra frente al incremento sistemático de sus costos de producción.

Mientras la conducción apusta a una hipotética reactivación mediante eventuales nuevos contratos que no tienen fecha ni garantía, la realidad inmediata de las familias de la cooperativa se resume en más horas de trabajo por casi un tercio menos de remuneración. La promesa de «preservar los puestos de trabajo» adopta así una dinámica precarizadora, donde la viabilidad de la planta se sostiene a costa del deterioro directo de la calidad de vida de sus integrantes.

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