Vivir en Berisso se convirtió en un desafío a la paciencia, y este arranque de 2026 no hizo más que ponerle sal a heridas que vienen abiertas hace rato. Lo que debería ser una ciudad para disfrutar se transformó en un mapa de reclamos donde la basura se lleva, lamentablemente, el primer puesto del ranking de broncas.

La situación es crítica en barrios como Villa Zula, Villa Nueva y Los Talas, los vecinos sienten que viven en un «Gran Basural», porque el camión recolector brilla por su ausencia durante semanas. Esto generó que seis de cada diez esquinas tengan basurales crónicos a cielo abierto, una crisis sanitaria que se agrava porque casi nadie está al tanto de los horarios y las bolsas terminan pudriéndose al sol.

El segundo gran dolor de cabeza es el calvario del agua, que con el calor de enero se volvió insoportable. Los reclamos contra ABSA están al rojo vivo, especialmente en Villa Argüello y la zona de la calle 10, donde las familias directamente no tienen presión o pasan meses con apenas un hilo de agua, sin contar los cortes generales. Y cuando sale algo de la canilla, suele ser un líquido turbio o marrón que no sirve ni para tomar ni para bañarse, obligando a los vecinos a gastar una fortuna en bidones para sobrevivir al día a día.

En el tercer escalón del ranking aparece la inseguridad, que camina de la mano con la falta de iluminación y el contexto general de la región. La sensación de «zona liberada» es moneda corriente en los vecinos de los barrios más alejados del centro, donde las calles son una boca de lobo porque los focos se queman y nadie los repone en semanas, dejándole el terreno servido a los motochorros.

A esto se le suma, en cuarto lugar, el estado calamitoso de las calles. Esquivar los «cráteres» viales —como el eterno pozo de 16 y 170— es un deporte de riesgo que rompe autos a diario, mientras las obras públicas avanzan tan lento y con tan poca comunicación que dejan a los vecinos «cautivos» entre el barro y los escombros sin previo aviso.

Finalmente, el quinto punto de este ranking de malestar es la desconexión total que sienten los berissenses con la gran mayoría de la gestión municipal. Hay un clima de tensión muy fuerte por la falta de transparencia, comunicación y atención al vecino que siente que no le dan respuestas reales. A este se suma la bronca con el presupuesto 2026, que trajo aumentos en las tasas que los ciudadanos ven como una burla frente a servicios básicos que, hoy por hoy, están recibiendo.

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