Las imágenes que por estas horas circulan y exponen la realidad del paso vehicular ubicado en la intersección de la Avenida Juan Domingo Perón (66) y la Avenida Mitre (calle 30) encendieron una alarma ineludible sobre las condiciones de infraestructura vial en el distrito. Lejos de tratarse de un hecho aislado, el evidente desmoronamiento y la caída de las placas de sustento lateral del puente sobre el curso de agua exponen un escenario de riesgo latente que vecinos y transeúntes denuncian ante la absoluta falta de respuestas preventivas por parte de la comuna.

El panorama crítico de la estructura se vuelve aún más alarmante al registrarse el paso sistemático de vehículos de gran porte, tal como se observa en los registros fotográficos donde camiones de gran envergadura transportan viviendas prefabricadas por la zona. Este tránsito pesado intensifica de manera exponencial las vibraciones y el esfuerzo estructural sobre los sectores ya debilitados de los cimientos y estuarios, poniendo en riesgo la integridad de quienes transitan a diario por una de las arterias neurálgicas que conecta el distrito.

Antecedentes recientes demuestran que la problemática estructural no es nueva para la región. Ya a comienzos de enero de 2025, el sector debió ser intervenido y parcialmente interrumpido al tránsito debido a roturas y derrumbes parciales en los accesos y terraplenes del puente, evidenciando falencias de mantenimiento crónicas que los parches superficiales no logran resolver. Pese a los reclamos recurrentes de vecinos y comerciantes de la zona respecto al deterioro de los muros de contención y la acumulación de ramas y residuos que obstaculizan el normal escurrimiento del arroyo, la respuesta municipal se reduce a la pasividad y a la ausencia de controles de peso vehicular efectivo.

La falta de señalización preventiva adecuada, la ausencia de restricciones claras para el paso de transportes de carga pesada y la demora en obras de apuntalamiento y recomposición de losas de fundación configuran una bomba de tiempo urbana. La desidia institucional expone a la comunidad a un peligro innecesario, transformando el tránsito cotidiano en un juego de azar mientras las estructuras continúan cediendo bajo la mirada indiferente de las autoridades competentes.

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