La reciente resolución judicial en los Estados Unidos respecto al prolongado litigio por la expropiación de YPF ha dejado al descubierto una de las piruetas retóricas más audaces y contradictorias de la gestión de Javier Milei.
Lo que hasta hace apenas unos meses era utilizado por el actual mandatario como el ejemplo máximo de la «impericia populista» y una «deuda impagable» derivada de la gestión de Axel Kicillof, se ha transformado, por arte de una narrativa oficialista tan elástica como falaz, en un triunfo propio que el Gobierno intenta capitalizar frente a una opinión pública asediada por el ajuste.
Durante su campaña y los primeros meses de su mandato, Milei no ahorró calificativos para defenestrar la estrategia jurídica que lideró Kicillof durante su etapa como ministro de Economía. El libertario sostenía que el país estaba condenado a pagar cifras astronómicas debido a los errores procedimentales de la nacionalización, llegando incluso a proponer la creación de un «impuesto Kicillof» para que los ciudadanos identificaran directamente al responsable del supuesto desastre financiero.
Sin embargo, el reciente fallo que favorece la postura argentina en instancias clave no solo valida argumentos técnicos sostenidos por la defensa del Estado desde hace años, sino que deja en evidencia que el «plan para pagar» que Milei fogoneaba no era más que una claudicación anticipada ante los fondos buitre.
Lo más alarmante de este episodio no es la resolución técnica del tribunal estadounidense, sino la metamorfosis discursiva del Ejecutivo. Tras años de asegurar que la expropiación fue un robo y que el fallo en contra era inevitable por culpa de la «casta», el Presidente ahora intenta apropiarse de una victoria judicial que se gestó bajo la lógica que él tanto desprecia.
Milei miente abiertamente a la ciudadanía al presentar este avance como un logro de su administración, cuando en realidad se trata del resultado de una estrategia de defensa soberana que su propio espacio político prometía desmantelar para «honrar las deudas» con los mercados internacionales.
Esta maniobra de negacionismo discursivo busca ocultar que, de haber seguido las recetas que Milei proponía en el llano —ceder ante las demandas de los litigantes para evitar el aislamiento financiero—, el Estado argentino ya habría desembolsado miles de millones de dólares innecesariamente.
Hoy, el Gobierno se abraza a un fallo que le da la razón a Kicillof mientras, en un ejercicio de cinismo político, sigue insultando al gobernador bonaerense en sus redes sociales. Es el relato del cambio mutando en el relato de la conveniencia: se apropian de los aciertos ajenos para disfrazar la falta de resultados propios, apostando a que la memoria de la gente sea tan corta como la honestidad intelectual de quienes hoy conducen el destino del país.




