La Avenida Montevideo parece un jardín lleno de hormigas que en fila van a un hormiguero y lejos de cumplirse la idea de la cuarentena dispuesta por el Gobierno, parece un foco infeccioso latente. Es que desde abuelos hasta madres embarazadas realizan desde horas tempranas de la mañana, largas e interminables colas para intentar hacerse de su dinero en los pocos cajeros que funcionan en la ciudad.
Con un sistema bancario colapsado, madres de menores y abuelos, dos sectores sociales en alto riesgo de contagio, se lanzan a las calles para poder cobrar sus haberes, ignorando los peligros de una pandemia que avanza a pasos agigantados por el mundo.
Sin respetar las distancias, escasos de alcohol en gel y mascarillas, cientos de berissenses se disponen en filas interminables; «Yo se que corro riesgos saliendo. Hasta hoy cumplí con todo, ¿pero si no vengo a cobrar que como o con que me compro los remedios?» Dice Doña Juana, una vecina anciana que desde temprano peregrinaba por los cajeros. Micros llenos de abuelos, abuelas y madres, veredas copadas por las colas y una pregunta que flota en el aire ¿No habría sido mejor que liberaran los bancos así el tramite era más corto?
Tan difícil es usar la tarjeta de débito en vez de exponerse y exponer a todos? Parece que es a propósito. No se entiende el significado de no salir de la casa?