La industria argentina enfrenta un inicio de año crítico, marcado por un proceso de desmantelamiento operativo que amenaza con transformar la actual recesión en un escenario de cierres definitivos.

Según los últimos datos oficiales del INDEC, el panorama para el primer trimestre de 2026 es sombrío: un 15,1% de las empresas industriales ya ha confirmado planes para reducir su dotación de personal.

Esta sangría laboral se produce en un marco de máxima tensión institucional, tras conocerse la renuncia del titular del INDEC, cuya salida añade una cuota extra de incertidumbre sobre la profundidad real de la crisis y la transparencia de las mediciones en un momento de extrema fragilidad económica.

La crisis de empleo se manifiesta de manera escalonada, comenzando por una reducción drástica de la actividad antes de llegar al despido directo.

Una de cada cinco empresas ya proyecta una disminución en las horas trabajadas, lo que en la práctica se traduce en esquemas de suspensiones masivas que buscan evitar, momentáneamente, la pérdida total del puesto laboral.

Sin embargo, con más de la mitad de las compañías reportando que su cartera de pedidos está muy por debajo de los niveles normales, la capacidad de resistencia financiera de las pymes y grandes fábricas se agota.

La falta de demanda en el mercado local está asfixiando la rentabilidad y obligando a los directorios a considerar el cese de actividades como una opción real frente a la acumulación de stocks sin salida y la imposibilidad de sostener sus estructuras.

Este escenario de achicamiento estructural se ve agravado por un contexto donde el consumo en supermercados registra sus peores caídas en años y los salarios continúan perdiendo la carrera contra la inflación.

Las empresas se encuentran atrapadas en una tenaza: costos operativos que no ceden y ventas que no repuntan, lo que acelera el riesgo de cierres de plantas ante la ausencia de un horizonte de recuperación.

La salida del máximo responsable del organismo de estadísticas, en coincidencia con la publicación de estos datos alarmantes, refuerza la sensación de una industria que opera a la deriva, sin impulso de la demanda y con decisiones defensivas que priorizan el recorte de personal y la paralización de líneas de montaje como últimos pasos antes de un final de actividades definitivo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *