Cuando el pasado domingo comenzó a rodar la pelota en el Estadio Gennacio Sálice para el encuentro entre Villa San Carlos y Excursionistas, los hinchas villeros vivieron una tarde cargada de emociones. Por un lado, se producía el regreso de Miguel Ángel Restelli al banco de suplentes para iniciar su tercer ciclo como entrenador. Por el otro, la institución reconocía a Alejandro Lugones por haber alcanzado los 200 partidos con la camiseta del club.

La cifra adquiere aún más valor si se tiene en cuenta que su recorrido estuvo dividido en dos etapas. En el medio hubo una experiencia fuera de Berisso, cuando decidió probar suerte en un equipo de la Primera Nacional. Sin embargo, el destino lo trajo nuevamente a Villa San Carlos. Con el paso del tiempo entendió que su lugar estaba aquí, rodeado de los afectos que construyó dentro del club y defendiendo los colores que aprendió a sentir como propios.
“Fue un logro para mí en lo personal. Estoy más que agradecido y le mandé un mensaje a cada uno de los que estuvieron ahí. Soy un tipo modesto y, si pasa desapercibido, mejor”, expresó con humildad. Y agregó: “Es un logro por la cantidad de partidos y estoy muy contento”.

Resulta difícil encontrar palabras para describir todo lo que representa Lugones para el pueblo villero. Entrega, sacrificio, compromiso y sentido de pertenencia son algunas de las características que lo acompañan cada vez que sale al campo de juego. En cada disputa de balón deja todo, y la tribuna suele devolvérselo con una palabra de aliento o un aplauso de reconocimiento.

El “Picante” se ganó un lugar especial en el corazón de los hinchas. No solo lleva al club en la camiseta cada fin de semana, sino también tatuado en su piel. Y cuando habla de Villa San Carlos, lo hace desde un sentimiento genuino.

“En poco tiempo me enamoré del club, por todo lo que fui viviendo y descubriendo. De la Villa no me voy a ir más”, aseguró.
Palabras simples, pero cargadas de sinceridad. De esas que no necesitan demasiadas explicaciones porque nacen directamente del corazón.

¿Quién es Alejandro Lugones? Quienes lo conocen suelen describirlo de la misma manera: una persona sencilla, amigable y de perfil bajo. Pero detrás de esa imagen también hay una historia de esfuerzo, sacrificio y sentido de pertenencia que explica por qué hoy es uno de los futbolistas más queridos por el pueblo villero.

Sus primeros pasos en el fútbol los dio en el Club Unidos de El Dique, ubicado en 48 bis y 128, cuando apenas tenía tres años y jugaba en cancha de siete. Con el correr de los años comenzó a transitar las divisiones infantiles y juveniles de Gimnasia y Esgrima La Plata, donde permaneció hasta la categoría Sexta.
Sin embargo, el camino no siempre fue sencillo. Una decisión dirigencial lo dejó fuera de la institución y, al producirse a comienzos de año, las posibilidades de encontrar un nuevo club eran escasas. Para no perder ritmo futbolístico recaló en CN Sports, en el barrio de Los Hornos, donde permaneció aproximadamente una temporada.

Más adelante llegó una nueva oportunidad. Mientras jugaba en Argentinos Juniors, disputó un amistoso frente a Gimnasia y Esgrima La Plata. Allí volvió a cruzarse con Favio “Yagui” Fernández, por entonces coordinador del fútbol juvenil y entrenador de la Reserva tripera. Conociendo sus condiciones y aprovechando el cambio de autoridades que se había producido en la institución, Fernández le abrió nuevamente las puertas del club.

“Ya estaba cansado de viajar todos los días, volví a Gimnasia”, recuerda Lugones sobre aquella etapa.

Su regreso al club platense le permitió completar su formación futbolística, llegar hasta la Reserva y firmar contrato profesional. Luego llegaron las experiencias a préstamo en Los Andes, en la Primera Nacional, y en Talleres de Remedios de Escalada, donde sumó rodaje en la Primera B Metropolitana.

Pero el destino todavía tenía preparado un capítulo especial. Corría el año 2018 y Villa San Carlos intentaba reconstruirse después del descenso a la Primera C. En ese contexto, Alejandro Lugones arribó a Berisso como el noveno refuerzo de un plantel que comenzaba a ilusionarse con recuperar rápidamente la categoría.

En el banco de suplentes se encontraba Miguel Ángel Restelli, justamente el entrenador que años más tarde volvería a cruzarse en su camino. Aquel equipo logró encontrar orden, identidad y competitividad, sentando las bases para que tiempo después el regreso de Jorge Vivaldo terminara concretando el ansiado ascenso.

Y si hubo un protagonista importante en aquella campaña, ese fue Alejandro Lugones. Su entrega dentro del campo de juego y su compromiso con la camiseta comenzaron a ganarse el reconocimiento de los hinchas.
El destino quiso que la final del Reducido enfrentara a Villa San Carlos y Excursionistas. En el encuentro de ida, disputado en Berisso, el Cele se impuso por 3 a 2 y fue justamente Lugones quien abrió el marcador a los 13 minutos del primer tiempo con un verdadero golazo al ángulo. La revancha, jugada sobre el césped sintético del Bajo Belgrano, terminó con victoria de Excursionistas por 1 a 0, llevando la definición a los penales.

Allí apareció la figura de Emmanuel “Gallega” Ávalos Piedrabuena para convertir el disparo decisivo y sellar el ascenso de Villa San Carlos a la Primera B Metropolitana.

“Esto es inexplicable lo que estamos viviendo. Hay que disfrutar esto que nos costó todo el año. Esto se lo merecen todos. Ya no hay palabras. Se sufrió de más, pero sabíamos que si hacíamos las cosas bien íbamos a lograr el objetivo”, expresó Lugones en medio de los festejos.
Mientras dialogaba con la prensa, sus compañeros se acercaban para abrazarlo. Con los ojos llenos de emoción y la camiseta perdida en algún rincón de la celebración, respondía cada pregunta con la misma sencillez que mantiene hasta el día de hoy.

Quizás sin saberlo, aquel ascenso sería apenas el comienzo de una historia de amor que todavía continúa escribiéndose entre Alejandro Lugones y Villa San Carlos.
Pero las historias también tienen momentos de decisiones difíciles. A veces es necesario alejarse un poco para valorar verdaderamente lo que se tiene cerca.
Tras el ascenso y la consolidación de Villa San Carlos en la Primera B Metropolitana, el año 2020 encontró al equipo atravesando un buen presente bajo la conducción de Jorge Vivaldo. En ese contexto, a comienzos de 2021 apareció una oportunidad que podía representar un salto importante en la carrera de Alejandro Lugones: Defensores de Belgrano, equipo de la Primera Nacional, había puesto los ojos sobre él.

La propuesta lo llenó de sensaciones encontradas. Por un lado, significaba la posibilidad de dar un paso adelante en lo profesional y competir en una categoría superior. Sin embargo, la decisión no fue sencilla.

«Me salió la posibilidad de irme, pero no estaba muy convencido. Capaz que era la única posibilidad de crecer…», recordó tiempo después.

Lo que quizás no imaginaba en ese momento era que uno de sus mayores logros ya lo estaba construyendo en Berisso. Más allá de los resultados deportivos, había encontrado algo difícil de conseguir en el fútbol: sentirse parte de una familia. Las mañanas de entrenamiento, las tardes compartidas con sus compañeros y el vínculo con la gente del club terminaron marcando una huella profunda.

«Estuve un año. Los primeros seis meses estuve cómodo y después ya empezaba a extrañar todo el mundo villero», reconoció.
Y como suele ocurrir en las mejores historias, el destino volvió a cruzar los caminos que parecían separados.

En diciembre de 2021 comenzó el segundo ciclo de Miguel Ángel Restelli al frente de Villa San Carlos, tras la salida de Andrés Yllana. El presidente Juan Manuel Córdoba buscaba reconstruir un equipo competitivo y apostó nuevamente por un entrenador que conocía la identidad del club. Pero Restelli también tenía claro qué clase de futbolistas quería para afrontar ese desafío.

Entre los nombres apuntados apareció rápidamente el de Alejandro Lugones.
El regreso del «Picante» no tardó en concretarse y volvió a encontrarse con un entrenador que había sido importante en su llegada a Berisso años atrás. Juntos, acompañados por un grupo de jugadores que se caracterizó por su compromiso, su entrega y una enorme calidad humana, protagonizaron una de las campañas más recordadas de los últimos tiempos.

Aquel equipo llegó hasta la final del Torneo Reducido por el ascenso a la Primera Nacional. El objetivo estuvo al alcance de la mano, pero el fútbol, muchas veces, también se define por detalles. La serie ante Defensores Unidos de Zárate terminó inclinándose para los dirigidos por Santiago Davio, que consiguió el ascenso.

Más allá del resultado, aquel plantel quedó grabado en la memoria del pueblo villero. Por su forma de competir, por la unión que mostró dentro y fuera de la cancha y por haber devuelto la ilusión de pelear por cosas importantes. Y entre los protagonistas de esa historia volvió a aparecer Alejandro Lugones, reafirmando que Villa San Carlos era mucho más que un club en su carrera: era su lugar en el fútbol.

Pero los 200 partidos de Alejandro Lugones no se explican únicamente por los goles, las asistencias, los ascensos o las finales disputadas. Detrás de cada encuentro hay una historia de esfuerzo, sacrificio y pertenencia que fue creciendo con el paso de los años.

Quienes frecuentan el Estadio Gennacio Sálice saben que no es extraño verlo llegar acompañado por su esposa y sus hijas. Ellas forman parte de este recorrido tanto como él. Estuvieron presentes en los momentos de alegría, en las tardes de festejo, pero también en aquellas jornadas donde el fútbol golpea más fuerte. Compartieron viajes, entrenamientos, lesiones, derrotas y cada desafío que le tocó atravesar a lo largo de su carrera.

Con el tiempo, Lugones construyó un vínculo especial con el hincha villero. Un reconocimiento que no nació de un gol ni de una actuación aislada, sino de una entrega permanente dentro del campo de juego. Cada pelota dividida, cada desborde y cada esfuerzo por el equipo fueron consolidando un cariño mutuo que hoy parece inquebrantable.

Entre los simpatizantes es habitual escuchar definiciones que lo describen a la perfección: «es un jugador explosivo», «es desequilibrante», «siempre intenta algo distinto». Y no son apreciaciones exageradas. Por características, rendimiento y regularidad, pocos discutirían que “El Enano” merece un lugar entre los futbolistas más destacados que tuvo la categoría durante los últimos años.

Esa valoración también suele verse reflejada cada fin de semana. En numerosas oportunidades fue elegido como la figura del partido, transformándose en una de las referencias futbolísticas más importantes de Villa San Carlos dentro del campeonato.
Por eso, cuando recibió la plaqueta en reconocimiento a sus 200 encuentros con la camiseta celeste y blanca, el homenaje fue mucho más que una simple estadística. Fue el agradecimiento de un club y de una comunidad hacia un jugador que eligió quedarse, que volvió cuando tuvo la oportunidad de seguir otros caminos y que terminó convirtiéndose en uno de los grandes referentes de su generación.

A lo largo de estos años dejó frases que reflejan con claridad el sentimiento que lo une a la institución. Una de ellas resume su principal anhelo deportivo:
«Mi sueño es ascender a la B Nacional, pero con Villa San Carlos».

Y quizás ninguna describa mejor su historia con estos colores que aquella que pronunció desde el corazón:
«Feliz de pertenecer, orgulloso de estar acá. Celeste como el cielo, pero más grande».
Porque los 200 partidos quedarán registrados en los libros de historia. Pero el cariño de la gente, el respeto de sus compañeros y el sentido de pertenencia construido a lo largo del tiempo son los motivos por los que Alejandro Lugones ya ocupa un lugar especial en la memoria de Villa San Carlos.

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