Sacar turno con anticipación, pagar por adelantado y llegar a horario ya no es garantía de nada. En la planta de la Verificación Técnica Vehicular (VTV) de Berisso, ubicada sobre la avenida del Petróleo Argentino, cumplir con la ley se ha convertido en un verdadero calvario de esperas interminables, desorganización y un engranaje empresarial que privilegiaría la recaudación masiva por encima de la calidad del servicio.

En las primeras horas de la mañana, la escena se repite como un bucle exasperante: colas de casi 30 vehículos pugnando por ingresar a un predio que colapsa de forma sistemática. La causa del cuello de botella no radica en un pico imprevisto de conductores desprolijos, sino en un diseño operativo que roza lo insólito: el sistema otorga turnos con apenas tres minutos de diferencia entre sí, un lapso absolutamente inviable para completar la inspección técnica de cualquier automóvil.

El trasfondo económico del problema pone en evidencia una clara asimetría entre la exigencia al usuario y la contraprestación recibida. A una tarifa actual de $95.000 por vehículo, el esquema de sobreentrega de turnos revela números escalofriantes. Si la planta otorga un turno cada 3 minutos por línea de verificación, en tan solo una hora de trabajo se agendan 20 turnos, representando una facturación de $1.900.000 por línea.

Considerando una jornada laboral estándar de 8 horas y la operación de múltiples líneas de control en simultáneo, la empresa concesionaria alcanza una recaudación estimada que supera holgadamente los $30.000.000 diarios. A pesar de semejante flujo de ingresos, la infraestructura y la logística ofrecidas al ciudadano distan mucho de ser de primer nivel.

A la demora que supera holgadamente la hora de espera se le suma un mecanismo de cobro leonino: el pago de la tarifa se exige por adelantado al momento de reservar el turno vía web. De este modo, el usuario queda cautivo del sistema. Quien no pueda destinar la mañana entera a la fila y decida retirarse para cumplir con sus obligaciones laborales, pierde automáticamente el dinero abonado.

Para agravar la situación, los damnificados señalan una maniobra para invisibilizar el caos vehicular. En lugar de permitir la formación de la fila sobre la entrada principal, se desvía a los conductores hacia una calle lateral, obligándolos a realizar un rodeo de casi cinco cuadras girando por la Rotonda Favaloro para reingresar. Una táctica que maquilla el embotellamiento ante el tránsito masivo de la arteria que conecta con La Plata, pero que no soluciona el problema de fondo.

Mientras la Legislatura amasa proyectos de revisión y las tarifas permanecen congeladas tras acuerdos provinciales, el negocio de la VTV en Berisso continúa facturando sumas millonarias por día, transfiriendo el costo del mal servicio, la pérdida de tiempo y la indignación directamente al bolsillo de los conductores.

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